4 de diciembre de 2012

Antioquía: El pueblo pintado de alegría


Una tarde teníamos que regresar de Pachacamac a Miraflores, como no teníamos ningún apuro ni nada más que hacer tomamos la ruta más larga que se nos podía ocurrir, regresar por un camino de tierra que sale a Cieneguilla, nunca habíamos ido por ahí y nos daba curiosidad conocer la zona. Era invierno, estaba lloviznando y el camino estaba lleno de lodo. Ya en Cieneguilla, en el óvalo, veo un letrero que decía Antioquía y recordé lo que había leído en Internet un par de años atrás sobre este pequeño pueblo: que era pintoresco, que sus casas estaban pintadas de colores, que estaba muy cerca de Lima, que el clima era magnífico, que siembran manzanas y membrillos, que eran más o menos 30 km; pero que llegabas en unas cuatro horas.

¡Cuatro horas para 30 km! El camino debe estar en muy mal estado, pensé. Pero qué más da, ya tenía el auto todo enlodado y eso le daba un look de todo terreno. Así que animado por su aspecto,  me pregunté ¿Qué tan lejos puede estar? 30 km no es mucho, además lo que había leído era de muchos años atrás (era un post o un artículo, no recuerdo, del 2006), así que posiblemente el camino esté mejor ahora. Era aproximadamente las 4:00 de la tarde y decidí seguir aquel letrero.

Resulta que Antioquía se encuentra en el km 65 de la carretera a Huarochirí. No sé dónde comienza el conteo de kilómetros de dicha carretera; pero desde el óvalo de Cieneguilla son aproximadamente 44 km hasta este pueblo que se pueden hacer en un par de horas yendo lento como para apreciar el paisaje y no maltratar el carro. Entonces, definitivamente, esas cuatro horas que había leído eran de un viaje desde Lima.

La ruta

Desde el óvalo de Cieneguilla, siguiendo la carretera, el camino estaba asfaltado, así que me llené de optimismo y seguí para adelante. Sin embargo, esto duró poco, porque a los 9 km se terminaba el asfalto y los restaurantes de Cieneguilla para dar paso a un camino de tierra y desolado.

Una niebla que no se animaba a tocar el suelo oscurecía todo y le daba un toque tenebroso al paisaje. El camino va junto al río Lurín y por partes es angosto. Al principio es solitario y desértico. La idea de dar media vuelta y regresar asomaba por mi cabeza cuando veo un letrero de lo que parecía ser la entrada a un condominio de campo, ahora ya no estábamos tan solos. A partir de ese lugar, el paisaje se puso algo alegre con la típica vegetación de cuando vas dejando la costa y entrando a la sierra, pero aún se veía oscuro.

Algo tenebroso al inicio.

Hay tres pueblos pequeños antes de llegar a Antioquía: Chontay, que está por un desvío a la derecha; Nieve Nieve, que tiene algunas casas pintadas como Antioquía; por último Sisicaya, con una vistosa iglesia. También hay algunos restaurantes campestres a los costados del camino. Entre Chontay y Sisicaya el camino estaba asfaltado así que pudimos avanzar rápido. Poco antes de llegar a Sisicaya la niebla empezó a desvanecerse dejando ver los rayos del sol, a pesar que éste ya se estaba ocultando el paisaje se iluminó y llenó de color dejándonos ver una puesta de sol fuera de lo común.

Al fin un poco de color.

Trenzando el horizonte.

Unos cuantos kilómetros pasando Sisicaya se terminó el asfalto. Nuevamente en la tierra, subiendo por el borde del cerro y con muchas curvas. Según nuestros cálculos ya deberíamos haber llegado a nuestro destino, ya habíamos recorrido más de 30 km y Antioquía no aparecía por ningún lado. Quizá pasamos algún desvío que lleva al pueblo sin darnos cuenta, nos dijimos. Felizmente encontramos a un joven caminando a un lado de la ruta, era un poblador de lugar, le preguntamos cuánto faltaba para llegar a Antioquía y nos dijo "aquí no más está, pasando esas curvas". Ya conozco el famoso "aquisito" así que supuse que aún faltaba mucho. Le preguntamos si iba para Antioquía. Nos respondió que sí. Le propusimos llevarlo y subió al carro. Cada vez que se da la oportunidad le damos una jaladita a las personas que encontramos por el camino, en parte para ayudar, en parte para mezclarnos un poco con la gente y nos cuenten algo sobre el lugar y en parte, sobre todo cuando no conocemos, para que nos guíen. Con este joven no pudimos conversar mucho porque, efectivamente, Antioquía estaba pasando las curvas. Finalmente llegamos a nuestro destino antes de que oscurezca.

El Pueblo

Llegamos un poco antes de las seis de la tarde. El pueblo estaba vacío, el claro oscuro del cielo le daba un aspecto fantasmal. Nos apresuramos y lo recorrimos. No era muy grande, dos calles que cruzan la plaza, cuatro cuadras en cada calle. Teníamos el pueblo para nosotros solos, ideal para tomar fotos, lástima que ya estaba oscuro, las pocas fotos que tomé no salieron del todo bien. Le dimos la vuelta completa en media hora, y anocheció.

Iglesia de Antioquía.

Antioquía está a 1,550 msnm. Las paredes de las casas están pintadas con dibujos de flores, aves, estrellas, etc. Si dejan salir a su niño interior, disfrutarán mucho este pueblo. Las calles son empedradas y están limpias; no tienen nombre ni numeración, en su lugar las casas llevan escrito el nombre de la familia. El motivo por el cual el Antioquía está decorada de esta manera es gracias a un proyecto llamado Colores para Antioquía (pueden leer más aquí).


Cuando terminamos de recorrer el pueblo encontramos un grupo de mujeres conversando bajo la luz de un poste en una esquina frente a la iglesia. Notamos luz que salía de algunas puertas abiertas, eran bodegas. Fue extraño, minutos antes todo estaba vació y cerrado ¿Será que los fantasmas salen cuando llega la noche? mmmm, no lo creo. ¿Quizá notaron nuestra llegada y abrieron sus tienditas para vender algo? Puede ser. Lo más seguro es que con el apuro de recorrer el lugar no notamos las tiendas abiertas. Sea como fuera, fue un alivio porque teníamos hambre. Compramos galletas y jugos, y nos sentamos en el muro de la iglesia frente a las señoras que conversaban. En la otra esquina de la calle, vimos un restaurante (demasiado tarde, ya habíamos comprado las galletas) de donde salían música y voces de personas. Comimos y regresamos a Lima.

Así de oscuro fue el regreso.

El regreso fue fácil, a pesar de la oscuridad. A las 8 de la noche ya estábamos en La Molina, con el auto lleno de tierra, pero contentos. A pesar de haber llegado casi de noche pudimos decir que Antioquía es un lugar muy agradable.

La segunda visita

La primera vez que fuimos a Antioquía no logramos conocer mucho. Aprovechamos el feriado de Semana Santa (abril 2012) para regresar. Ya conocíamos la ruta así que sabíamos lo que nos esperaba: llegar a Cieneguilla, rodar 9 km por asfalto, luego tierra hasta Chontay, nuevamente asfalto, pasar Sisicaya y nuevamente la tierra... ¡Ah! un momento... ¿Y la tierra...? Nos encontramos con una carretera asfaltada desde Chontay hasta Antioquía. Pasando Siscaya algunos trabajadores construían las cunetas y colocaban las barandas de contención en la nueva carretera.

Una casita en Nieve Nieve.

La iglesia de Sisicaya.

Esta es la nueva carretera.

Como habíamos salido de casa cerca del mediodía, al pasar por Nieve Nieve paramos para almorzar. Entramos en uno de los restaurantes del lugar, pedimos lomito saltado, bistec y trucha frita. La comida estuvo deliciosa y a buen precio. Mientras comíamos vimos muchos vehículos pasar. Seguimos nuestro camino y mientras subíamos por la carretera el cielo se nublo y empezó a llover. Llegamos a Antioquía y todo estaba mojado. Había mucha gente que se guarecía de la lluvia bajo los toldos de la feria en la plaza. Buscamos dónde estacionarnos, no había lugar, cada rincón del pueblo tenía un carro estacionado. Después de un par de vueltas, encontré un lugar propicio, no era muy amplio, felizmente mi auto es chico y lo estacioné como pude.


La torre de la iglesia.

Artesanías de la feria.

La lluvia me ayudo a tomar esta foto.




Esta vez fuimos al mirador que está en un cerro cruzando el estadio, lo suficientemente alto  como para tener una buena vista de la campiña y algunos pueblos cercanos a Antioquía. Lástima que por la lluvia no pude sacar mucho la cámara para tomar fotos. Bajamos del mirador y compramos membrillos, dos kilos por cuatro soles, me duraron un mes sin malograrse. Le dimos una vuelta al pueblo, esta vez sí pudimos apreciar mejor las casas con sus alegres colores. Así como sus casas la gente también es alegre y muy amable, hay guías dispuestos a mostrarse sus atractivos, uno de ellos es la visita a la campiña donde te muestran los productos que obtienen con la manzana y el membrillo, desde su siembra hasta su envasado. A parte del turismo, Antioquía subsiste de los productos que obtienen con estas y otras frutas.

Pueblo de Cochahuayco desde el mirador.

La casa municipal.

El pueblo es chico y cuenta con algunas comodidades. Un hospedaje, y si no me equivoco, también hay lugar para quedarse en la casa municipal, hay restaurantes y algunas bodegas. Ese día era el aniversario del pueblo y semana santa, ya podrán imaginar la cantidad de gente recorriendo Antioquía, sin embargo, estas instalaciones no serían suficientes para lo que pasaría después.

El huayco

Para evitar el tráfico salimos como a las cuatro de la tarde de Antioquía, además no habíamos llevado abrigo y la tarde se estaba poniendo fría. Íbamos lento, algunos cuantos autos que también regresaban me adelantaron. Poco después de pasamos por Nieve Nieve los autos que me habían adelantado estaban nuevamente subiendo con dirección a Antioquía, me pareció extraño, hasta que uno de los conductores me dijo que regresara porque un huayco había caído.

Pensé que quizá estaba exagerando y continué manejando. Luego otro conductor pasó y me dijo lo mismo, luego otro y otro. No hice caso y continué mi camino, nunca había visto un huayco y quería saber como era. No fue mucho lo que recorrimos y encontramos agua en el camino, metros más allá el agua se convirtió en lodo, un poco más y el lodo era barro. Para no atollar el auto lo estacioné a un costado, bajamos y fuimos caminando hasta el lugar del huayco.

Había gente curioseando por todos lados y caminar fue complicado, los zapatos se hundían, si no los tenías bien atados se quedaban pegados y con cada paso levantábamos un kilo de barro. A medida que avanzábamos veíamos como una capa marrón de lodo se movía lentamente sobre lo que antes era pasto verde. Recorrimos más o menos 300 metros y encontramos un grupo de personas paradas alrededor de algo.


Cuando llegamos al grupo la visión fue dantesca. El huayco aún estaba cayendo, pasando, corriendo, deslizándose, la verdad no sé qué palabra emplear porque del cerro caían lodo, piedras, troncos a gran velocidad. El huayco había cortado la carretera para formar un mini río, y al otro lado, una casa partida por la mitad, con piedras y barro dentro de lo que quedaba en pie. Los dueños trataban de salvar lo poco que quedaba, no había como ayudar. Fue triste.





No tuvimos nada más que hacer que volver a Nieve Nieve, en esas condiciones y con la velocidad con la que caía el agua ni un Caterpillar podía pasar. Llegamos casi de noche, como fuimos de los primeros en llegar encontramos un buen lugar donde estacionarnos. Los carros iban llegando de a pocos, algunos incrédulos o curiosos seguían de largo, pero regresaban a los pocos minutos. Todos estacionaban como podían. La lluvia no paraba, ni  la gente que llegaba. A las siete de la noche no cabía ni un vehículo más.

Nieve Nieve es un pueblo cuya calle principal es la carretera, tiene un par de calles más que suben hacía el cerro como una cuadra, y nada más. Esa noche los restaurantes no se daban abasto para vender tanta comida, y no sé de dónde apareció alguien que vendía ponchos de plástico para la lluvia. Cuando supimos que en Antioquía ya se habían agotado las habitaciones para dormir las teorías de cómo regresar a Lima empezaron a circular, una de ellas era tomar una ruta que salía por la carretera central, y que tomaba como 8 horas; para tanto tiempo, prefería quedarme a dormir bajo la lluvia.

A las nueve de la noche el aburrimiento se notaba en la cara de las personas y el ambiente se estaba poniendo tenso porque algunos conductores calculaban que el huayco ya había parado y proponían cruzar por encima de las piedra, era buena idea si tenías una camioneta de doble tracción, pero la cantidad de carros era tal y se habían estacionado con tanto desorden que no se podía ir ni para adelante ni para atrás. En el momento en que el chofer de una camioneta estaba por pelear con el de un auto porque no le dejaba pasar (no entiendo a dónde quería pasar el de la camioneta, si nadie podía moverse) llegó el alcalde de Antioquía con una excavadora frontal. La salvación había llegado, el pequeño detalle es que no podía pasar.

A la mala todos los vehículos que estorbaban tuvieron que salir, y claro, luego de salir tuvieron que cederle el paso a la excavadora. Como les contaba, había encontrado un buen lugar donde estacionarme y cuando la excavadora pasó a mi lado, dejé que un auto pase delante del mío y luego entré detrás. Resumiendo, sería el segundo en pasar después que arreglaran el camino (no quería sufrir con el tráfico). Llegamos al lugar del huayco, y la excavadora hizo su trabajo. Yo me imaginaba que dejaría el camino llano para pasar con facilidad; pero no, lo único que hizo fue sacar las piedras grandes. Nunca falta un vivo que empezó a pedir 10 soles por carro, según él, eso estaba pidiendo el conductor de la excavadora para dejar el camino llano. Nadie le dio nada porque mientras estaba pidiendo la excavadora termino de sacar las piedras y se fue.

El momento de la verdad había llegado, pasar por ese trecho de lodo y huecos no sería sencillo, fui realista, mi auto no pasaría por allí a la primera. Dejé que pasaran un par de autos y tres camionetas antes para que allanaran el camino. Llegó mi turno, me encomendé a los dioses de las llantas y la suspensión y aceleré. Patiné, reboté, salpiqué lodo por todos lados, pero logré llegar al otro lado sin ningún problema. Lo menciono porque tan feo estaba ese tramo que el auto que iba delante del mío quemó su embrague de tanto patinar, y adivinen quién fue, el que pedía 10 soles. Bueno, todos pudimos pasar y seguir nuestro camino, toda la carretera estaba cubierta de lodo y por partes había que pasar por charcos profundos.

Al final llegamos a casa sanos y salvos, cansados, llenos de tierra, con dos kilos de membrillo y una buena historia que contar. Era la una de la mañana cuando llegamos. Al día siguiente supimos en las noticias que muchas familias habían perdido todo por los huaycos que también habían caído en Chosica.


Puedes ver más fotos en el álbum de Facebook.


Prepárate para el viaje

Distancia: 44 km (desde el óvalo de Cieniguilla).
Asfaltado: 36.5 km.
Tierra: 7.5 km (en regular estado, desde lo último de Cieneguilla hasta Chontay).
Grifos: No vi ninguno en toda la ruta, de preferencia abastecerse en Cieneguilla.
Restaurantes: En Nieve Nieve, Antioquía, y algunos a lo largo del camino.
Dónde quedarse: Hospedaje Villa Clorinda y la casa Municipal.
Sugerencia: No ir en época de lluvias (enero - marzo).
Mapa:



41 comentarios:

  1. Excelente relato, gracias por tu tiempo y detallismo, muy bien documentado. un abrazo!

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    1. Gracias David, ese viaje fue toda una experiencia. Saludos.

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    2. mañana ire me anime leyendo tu historia, no sabia donde ir,,,,,

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    3. Excelente relato, digno de un novelista. Sin exagerar me sentí en el pueblo mientras leía. No paré hasta terminarlo.

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  2. Muchas gracias por la historia, muy bonita y nos da una idea mas clara para poder salir de viaje y visitar ese pueblito

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    1. Gracias a ti por leer y que bueno que quieras visitar el lugar que es muy bueno para caminar y relajarse.

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  3. interesante relato....logras transmitir emociones.... :)

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  4. Linda historia , me animo a ir en estas fiestas!!

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  5. Buena historia, es cierto en época de lluvias es mejor no subir tanto a la sierra, puedes quedar varado; por otro lado Antioquia es un gran sitio para ir.

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  6. Excelente Narración... Un abrazo

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  7. excelente historia, gracias por tu publicación, ire en cuanto pueda a concocer

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  8. Muy buen relato y buenas fotos. Gracias por la información.
    Miryam.

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    1. Gracias Hannelene, tienes mucho Perú por conocer.

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  10. Chévere yo también estuve ahí la próxima puedes hablar en la municipalidad y te dan una cancha de pasto donde hacen sus fiestas y puedes acampar gratis, saluods yque sigan los viajes

    Roberto

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  11. Estimados Casa Hacienda Qhapac Ñan (Cieneguilla) recepciona y organiza todo tipo de eventos:
    -Matrimonios
    -Retiros (120 personas)
    -Reuniones familiares
    -Tours
    -Full Day
    -Desayunos y Almuerzos
    -Cumpleaños
    -Viajes de promoción
    https://www.facebook.com/CasaHaciendaQhapacNanIrl
    Encantados de poder servirlos.
    Israel Ancaya
    RPC 959772177

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  12. Excelente informacion

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  13. Excelente y valiosa información. felicitaciones por la ayuda que das a otros interesados en conocer nuestro país que tiene cada lugar hermoso como el que describes.
    Un abrazo

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  14. Qué buena y detallada tu historia, gracias... sería la única razón por la que me compraría un carro... sólo para irme de aventura fuera de Lima... pero bueno igual mi bolsillo no aguanta... jejeje entonces debo suponer que no hay forma de llegar a Antioquía si no tenemos movilidad propia :(

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    1. Hola Betty. Claro que se puede llegar, hay colectivos y minibuses que te llevan, no estoy seguro si salen desde el cruce de Av. Javier Prado con Av. La Molina que es el paradero de colectivos a Cieguilla o desde Cieneguilla. Pero si preguntas en ese paradero de seguro que te dan razón.

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  15. Agradezco tu información, eres muy bueno contando tu vivencia en Antioquia, felicitaciones... Pero una curiosidad ¿Que marca, modelo y año de auto utilizaste para realizar el viaje?

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    1. Hola, gracias también a ti. Mi auto es un Suzuki Alto, el pequeñín de los Suzuki, jeje. Es del 2007, pero está como nuevo. Con él he llegado a lugares que creerías.

      Saludos.

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  16. Hola Gorje me encanto tu historia quisiera viajar este fin de semana , sera peligroso lo digo por el clima llovera mucho ?????

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    1. Hola Marina. Gracias por leerme. En este tiempo hay mucha posibilidad que llueva, pero como Antioquía no está en la sierra profunda las lluvias no son tan fuertes. Pero quien sabe, ayer llovió aquí en Lima, así que toma sus precauciones.

      Que tengas un bonito paseo.

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  17. Excelente relato... Asi quien no se anima a ir..

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  18. gracias por tus relatos, ayudan mucho a querer conocer nuestro pais y que mejor que tener un relato de quien lo ha vivido, gracias de nuevo

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    1. Gracias a ti Luis por darte un tiempito y leer. Y que bueno que los relatos te animen a conocer.

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  19. Extraordinaria historia...!!!...gracias por compartirla...y ya se que mejor me preparo para ir en julio...siempre busco éste tipo de relatos...porque finalmente es lo mas real y acertado para que nos ayude a ir a un destino...más aún, ahora que no se puede ir mucho a las playas...por el fenómeno del niño....hidro medusas y demás...siempre buscando a donde ir con la familia...Saludos y nuevamente gracias.

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    1. Hola, gracias por tu mensaje. Este pueblo es un buen lugar para ir un fin de semana.
      Saludos.

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  20. Ohh, si que lindo relato, me lo imagino y las fotos parecen de cuentos, bellisimo, pero hay alguna otra opción de viajar, lineas o algo asi, gracias felicitaciones

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    1. Hola Isamar. Gracias por tus palabras. En el cruce de las Avs. La Molina y Javier Prado hay un paradero de colectivos para Cieneguilla, ellos pueden llevarte hasta Antioquía o brindarte información de en qué otro lugar tomar una movilidad. También hay tours que te llevan, es cuestión de buscar en intgernet.

      Saludos.

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  21. Muy interesante relato!, gracias por los datos amigo...

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    1. Gracias a ti por leer y anímate a visitar Antioquía.

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