sábado, 25 de abril de 2015

Fin de semana en las playas de Huarmey


Semana Santa. Cuatro días para viajar. Quería ir a la selva porque hasta ahora no he podido llegar manejando, pero las lluvias que habían anunciado me desanimaron. Y no porque un poco de agua me asuste, sino que después de los huaycos de Chosica y otros lugares del país justo en la misma semana es para pensarlo. Una vez, ya me quedé atrapado por un huayco y esperar hasta que despejaran el camino fue aburrido.

Entonces a ejecutar el plan B. Ir a la playa. Y si ya vienen leyendo el blog, sabrán que no me gustan las playas con mucha gente, prefiero las playas solitarias y limpias.

Casi todo el verano la pase en Huarmey, en otro momento ya les contaré el porqué. Allá hice buenos amigos y pude conocer más de sus playas. Así que se me ocurrió que sería el lugar perfecto para ir estos cuatro días y dije: vamos a acampar a Huarmey. Yesy preguntó: ¿Habrá mucha gente? y Camila solo dijo: ¡yeeee... playa, playa!

Salimos de Lima el jueves a las 2 de la tarde, hasta Huarmey son 300 km, 4 horas de viaje y como reloj llegamos a las 6 de la tarde. Pasé saludando a mis amigos quedamos en encontrarnos en la playa por la noche. Después de comer salimos para Tuquillo que es la playa más conocida de Huarmey.

Tuquillo estaba reventando de gente, era de esperar, así que fuimos a buscar sitio a la playa Maracaná que está al sur de Tuquillo. Allí sí había mucho espacio y también mucho viento. No fue fácil armar la carpa, porque salía volando con el viento y cuando finalmente logramos ponerla en pie toda la arena entraba a la carpa a pesar que la pusimos en dirección contraria al viento. Solución: colocar la camioneta de forma atravesada y que nos sirva de escudo. Funcionó. Uno de mis amigos vino, conversamos un rato, pero no se quedó.

Al día siguiente amanecimos sin viento, pero parecía que por la noche hubiéramos estado bajo una tormenta de arena. El carro estaba todo cubierto de arena, hasta en el techo, y las llantas estaban enterradas casi hasta la mitad. Nos calentamos con el sol hasta la hora del desayuno, desarmamos la carpa y fuimos a comer a Huarmey. Después de desayunar iríamos hacia el norte de Tuquillo, a la playa a la que realmente quería ir.

Fue un desayuno de carretilla en la plaza. Delicioso, barato y para todo los gustos. Al regresar a Tuquillo la playa estaba casi vacía de gente, solo se veían carpas por todos lados, seguro seguían durmiendo. Nosotros doblamos a la izquierda, rumbo al norte, subimos una colina y luego, desierto.

El desierto de las playas de Huarmey está formado por colinas de arena dura y en ciertos lugares algo de arena suelta, así que se puede ir en cualquier tipo de vehículo, siempre siguiendo las huellas de los que pasaron antes y sin acelerar y frenar bruscamente que allí sí es probable quedarse atascado.

La foto es de otro día que estuve por ahí.

Casi dos kilómetros al norte y llegamos a la playa, no sé cuál es su nombre y para entrar sí hay mucha arena suelta, por ese motivo muchos suelen quedarse estacionados en la colina. Como estábamos con la camioneta nos metimos hasta la orilla para buscar un lugar donde quedarnos. 

Una vez en la orilla vimos que la arena estaba anaranjada y conforme avanzábamos miles de cangrejos empezaron a correr de costado para esconderse en sus agujeros. La única evidencia que quedó de ellos fueron esas bolitas de arena que suelen hacer.

Estos son los que iban quedando cuando tuve tiempo de sacar la cámara.

Si alguna vez te preguntaste a qué se deben esas bolitas de arena, son las que hacen los cangrejos durante la noche.

Ya sin cangrejos la playa se veía así.

Nunca había visto tantos cangrejos en una playa, demasiados que recién después de esconderse notamos que también habían gaviotas y ostreros. Las aves allí tranquilas, tomando el sol. Ninguna se alborotaba para comerse a los cangrejos, será que no era hora del desayuno o quizá que eran tantos cangrejos que todas estaban satisfechas.

Hasta que se fueron los cangrejos recién pudimos verlas.

Todos en una sola patita.

- Cangrejos para el desayuno.
- No, gracias.

Esperé a que todo los cangrejos se vayan, no quería aplastarlos, y avanzamos por la orilla. Llegamos a un lugar muy bonito, rodeado de rocas y arena fina. La marea alta había dejado una piscina entre las rocas y la arena. El lugar perfecto para pasar la mañana. La más contenta era Camila porque ahora podía chapotear y saltar sobre su gran charco de agua y arena, se sentía como Peppa.




El día pasó relajado escuchando las olas, contemplando las aves y algunos cangrejos que salían cada vez que dejábamos de hacer ruido. Construimos un pequeño castillo de arena, era la fortaleza de Camila para que los cangrejos no invadieran su piscina que para esa hora estaba con el agua tibia. Y así de rica como estaba el agua nos metimos a remojarnos y sentir la brisa marina.

Toda esta playa solo para nosotros.

Con el silencio se animaban a salir.

Construyendo el mini castillo de arena.

Para Camila era un fortaleza anticangrejos.

Mamá e hija conversando sobre la vida.




Al medio día empezó a llegar gente, nuestra piscina estaba quedándose sin agua y nos dio hambre. Hora de irse. Fuimos al pueblo para almorzar, luego dimos vueltas por Huarmey y descubrimos una carretera que entra a la sierra y va paralela a un río. Siempre había creído que Huarmey era un lugar de paso en la carretera; pero es más grande de lo que imaginaba y tiene más para conocer como su linda campiña o el sitio arqueológico, un castillo, del que nunca encontré el camino de ingreso. Ya pues Negrito, sé que leerás esto, la próxima no te pierdas y llévame a conocer más de Huarmey.

Pasamos la tarde tratando de encontrar una playa en el río para bañarnos y enjuagarnos la sal del cuerpo; pero no encontramos ninguna, mucha vegetación por todos lados. Pensando en volver a la playa para acampar, al final nos dio pereza de armar la carpa con todo el viento de la noche y decidimos retornar a Lima esa misma tarde.

De regreso hicimos una parada en Paramonga. Siempre quise conocer y ese día sería una buena ocasión, pues no teníamos apuro. Llegamos a la plaza, había mucho movimiento. Compramos provisiones para el camino y tratando de salir encontramos una casona a la que llaman: La casa de las brujas. En realidad allí no vivió ninguna bruja. Solía ser una hacienda, luego un hotel y creo que ahora está abandonada, pero con la luna llena sobre ella no resistí quedarme allí un rato y tomarle fotos.




Y así, después de pasar un lindo día de playa y campo llegamos a Lima a terminar la Semana Santa descansando en casa.



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Prepárate para el viaje

Distancia:
  • Lima - Huarmey: 300 km.
  • Huarmey - Tuquillo: 6 km aproximadamente.
  • Tuquillo - Playa: 2 km aproximadamente.
Carretera:
  • Lima - Huarmey: carretera Panamericana.
  • Huarmey - Tuquillo: carretera Panamericana, luego una entrada pavimentada pero con algunos baches.
  • Tuquillo - Playa: no hay carretera, se puede ir por cualquier lugar; pero es mejor seguir las huellas de los otros vehículos.
Grifos: en toda la Panamericana y también en Huarmey, uno a la entrada, otro en la mitad del pueblo, ambos en la misma carretera. En Huarmey no hay grifos de gas, si sus autos son a gas llenen el tanque en Barranca.
Donde comer: en Huarmey hay muchos restaurantes, para todos los gustos y bolsillos. En Tuquillo también hay restaurantes.
Donde quedarse: hay varios hospedajes en el pueblo y unos pocos en Tuquillo, pero fines de semana todos quedan llenos. También se puede acampar en Tuquillo, es seguro.

Mapa: he marcado en azul la ruta que sale de la plaza de Huarmey hasta Tuquillo y en rojo la ruta que seguí a través del desierto, lo más exacta posible. El lugar donde termina la línea roja sí es el mimo lugar donde me quedé y si parece que me metí sobre el agua es porque Google tomó la foto cuando había marea alta.
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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Reserva paisajística de Yauyos: Huancaya


Nos despedimos de los andenes de Laraos. Teníamos sentimientos encontrados, quisimos quedarnos, pero debíamos continuar (aquí puedes leer cómo nos fue en Laros).

Llegamos a la carretera para Huancaya, de allí del desvío, muy cerca, está Llapay . Hasta donde sé no hay mucho que ver Llapay; pero si pasan por ahí a la hora de almuerzo sí es un buen lugar para detenerse a comer. Como nuestro plan era almorzar en Huancaya pasamos de largo.

Luego llegamos a Tinco (todavía no estoy seguro si así se llama este lugar), aquí la carretera se divide: para la izquierda una trocha que lleva a Miraflores, Vitis, Huancaya y Vilca; para la derecha sigue la carretera asfaltada hasta Huancayo. Aquí hay una pequeña oficina de turismo donde les pueden dar información y también este es el punto para abastecerse de combustible si van a Huancaya ya que en todo el camino no volví a ver otro lugar donde vendan gasolina o petroleo.

Empezamos la subida a Huancaya. Es una pena que a pesar de la gran cantidad de visitantes que reciben estos lugares las autoridades no logran asfaltar la carretera, según nos contó un poblador es por falta de apoyo del gobierno central; pero por lo menos sí le hacen mantenimiento porque estaba mejor que la primera vez que fui por ahí, en aquella ocasión la carretera estaba más pedregosa y con más huecos.

Rápidamente llegamos al desvío para Miraflores, un pueblo que también forma parte de la Reserva. Son solo 6 km hasta el pueblo.

Cuando no eres más que una cereza para la montaña

La primera vez que fuimos a la Reserva no pudimos llegar a Miraflores, lo intenté; pero a los 10 metros de recorrer el camino di media vuelta, con tantas piedras sueltas y huecos no podíamos avanzar con rapidez y teníamos apuro de llegar a Huancaya.

Esta vez no me perdería conocer este pueblo, sobre todo porque había leído que para llegar hay cañón impresionante. Mientras avanzábamos divisamos una curva donde el camino parecía desaparecer en el cerro. El camino se estaba poniendo interesante.

El camino parece desvanecerse.

Me fascinan los cañones, mientras más profundos y estrechos mejor. Allí puedes ver cómo es que el agua puede abrirse camino y pasar entre las montañas, literalmente cortar las montañas.

A veces pienso que cruzar un cañón es como pasar a otra dimensión. En esta ocasión cruzamos el portal y al otro lado encontramos niños pescando, alegres, truchas en el río.

Curva a la nada.

Miraflores nos pareció atractivo, Tiene una calle con árboles paralela al río, como una especie de malecón. En la plaza hay un arco construido por trozos de algo que parecía coral y ese tipo de restos que deja el mar cuando baja la marea, me pareció raro.

Todo estaba cerrado encontramos algunas personas caminando por la plaza, y obreros arreglando una de las calles, cada quien en su mundo. Sin nada más que hacer, salimos del pueblo para regresar y en el camino los niños se acercaron para preguntarnos qué hacíamos por ahí, muy amistosos todos.

¿Serán restos marinos?

Iglesia de Miraflores.

Este queñual solitario adorna la plaza.

Orgulloso de su pesca.

Otra de las razones por la que me gustan los cañones es por el vértigo que producen, esa sensación de estar entre dos cerros tan juntos ¿qué pasaría si deciden juntarse o si ese semi túnel fuese la gran boca del cerro y éste decide cerrarla y tragarnos como aceitunas, uvas o cerezas? yo creo que sería más como cerezas porque mi auto es rojo, y creo, también, que a veces dejo volar mucho me imaginación. Pero igual, si alguna vez sentiste algo así en un cañón, sabes a que me refiero.

En cualquier momento la montaña cierra su boca.



Esa angosta corriente de agua cortó la montaña.



Un lugar para olvidarse de todo

Regresamos a la ruta, continuando hacia Huancaya encontramos una cascada, muy ruidosa, muy rápida, muy potente. En este punto hay una pequeña subida en S, arriba, uno esperaría encontrar el potente y ruidoso río que alimente la cascada.

La ruidosa cascada.

Pero no. Solo hay un pequeño puente, hacia un lado la estrepitosa cascada, hacia el otro, uno de los lugares más apacibles de la ruta, la laguna Piquecocha. Paramos a estirar las piernas y olvidarnos del mundo por un rato.

La pacífica laguna.


Escucha el viento y relájate.









Vitis, solitaria

Pasando la laguna comienza la subida a Vitis. El camino no tiene piedras, es tierra arcillosa, muy suave cuando está seca, resbalosa cuando llueve. Tenía temor de que empezara a llover en plena subida, todo el día las nubes habían amenazado con mojarnos, pero no lo hicieron.

La primera vez que fui por ahí no estaba lloviendo, pero sí estaba mojado y era muy difícil subir con un camino tan resbaloso.

Llegamos a Vitis, estaba vacío. Esperaba encontrar más gente porque en el viaje anterior a la entrada del pueblo fuimos recibidos por un gran número de escolares que nos pidieron una colaboración para su viaje de promoción. Buenamente les di algo. Dos cuadras más allá se nos acercaron otros niños con la misma historia, cerca de la plaza, otros niños. Finalmente en la plaza una señora que indicaba por dónde ir, también nos pidió colaboración por sus indicaciones. Allí se me acabo la paciencia ¿acaso todo el pueblo se dedicaba a pedir dinero a los que pasan por ahí? 

No es bueno dejarse llevar por el prejuicio, al llegar a Huancaya entendí el porqué. Todos los visitantes y su dinero se quedan en Huancaya, a Vitis solo le queda recibir la buena voluntad porque casi todos pasan de largo, a pesar de que también hay hospedajes allí. Al menos esa fue la impresión que me dio aquella vez. Si pasan por Vitis y les sucede algo parecido, no lo tomen a mal, colaboren.

Como decía, esta vez Vitis estaba vacía, paramos para las fotos de rigor, y como la mayoría, seguimos de largo.

En época de lluvia.

En época seca.

Callecita en Vitis.

La iglesia de Vitis.

La plaza.


Huancaya

Casi a las 3 de la tarde llegamos a Huancaya. Dejamos el carro en la plaza y buscamos dónde comer y hospedarnos. Nada de gente, todo vacío, muy distinto de cuando fuimos por primera vez. Aquella ocasión fuimos 14 personas y todos tuvimos que dormir en un solo cuarto porque no había más lugar donde quedarnos. Si van en feriado largo más vale que lleguen temprano a buscar dónde dormir y si no encuentran nada, regresen a Vitis que no está tan lejos.

Ahora teníamos, prácticamente, el pueblo para nosotros solos y podíamos darnos el lujo de escoger donde dormir. Lo malo de esto fue que no encontrábamos comida, como no había visitantes, nadie tenía nada preparado.

Empezó a llover, de por sí Huancaya es un sitio muy frío (3,800 msnm), con la lluvia lo fue más. Como ya descubrí que el frío contribuye a que me dé mal de altura esta vez no me haría el valiente y me abrigué bien, además ya estaba empezando a ponerme mal (en este viaje me puse mal). Elías optó por no abrigarse tanto como yo y en la noche y durante el día siguiente pago las consecuencias de retar al clima.

Decidimos quedarnos en la casa de una señora en la plaza. Unas casa más allá encontramos comida, la única opción: trucha frita.

Las calles en Huancaya son estrechas, se imaginan cuando está llena de gente.

Iglesia y pileta en Huancaya.

La plaza.

Luego de comer y con un cielo que de rato en rato se ponía a llover no teníamos mucho que hacer. A pesar del frío y la lluvia fuimos al puente colonial. No pudimos hacer mucho por la lluvia. Decidimos regresar a descansar hasta el siguiente día. 

Puente colonial.

Si no me equivoco debe tener como 400 años.



Empezó a llover con fuerza, se puso más frío y ya estaba casi oscuro, hora de dormir, no había nada más para hacer. Acomodamos las bolsas de dormir sobre las camas y a dormir con el arrullo de las gotas que caían sobre los árboles.

Y como ese día no pude tomar fotos de las cascadas, les comparto unas del viaje anterior, tomadas luego que se ocultó el sol, no uso filtros, así que es el único momento del día en que puedo tomar fotos así.





Y una foto extra, también del viaje anterior, Camila de un año a orillas de la laguna Piquecocha.

Camila reflexionando sobre su primer año de vida.







Prepárate para el viaje

Distancias:
  • Desvío Laraos - Tinco: 6 km 
  • Tinco - Vitis: 12 km
  • Tinco - Miraflores: 9 km
  • Vitis - Huancaya: 3 km

Carretera: hasta Tinco en buen estado, asfaltado. A partir de Tinco y hasta Huancaya es afirmada. No siempre está en buen estado, depende de la época (las lluvias la malogran).
Grifos: en Tinco hay 2 casas donde venden gasolina de 84 y 90, y petroleo. Después de ese lugar no volví a ver otro donde vendan combustible.
Dónde comer: Pueden comer en Llapay, Miraflores, Vitis y Huancaya. En temporada baja es algo difícil encontrar comida lista, todo está para preparar.
Dónde quedarse: en Vitis y Huancaya hay hospedajes.

Mapa: como en el capítulo anterior llegamnos hasta Laraos este mapa inicia desde el desvío a Laraos.

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