miércoles, 12 de noviembre de 2014

Reserva paisajística de Yauyos: Huancaya


Nos despedimos de los andenes de Laraos. Teníamos sentimientos encontrados, quisimos quedarnos, pero debíamos continuar (aquí puedes leer cómo nos fue en Laros).

Llegamos a la carretera para Huancaya, de allí del desvío, muy cerca, está Llapay . Hasta donde sé no hay mucho que ver Llapay; pero si pasan por ahí a la hora de almuerzo sí es un buen lugar para detenerse a comer. Como nuestro plan era almorzar en Huancaya pasamos de largo.

Luego llegamos a Tinco (todavía no estoy seguro si así se llama este lugar), aquí la carretera se divide: para la izquierda una trocha que lleva a Miraflores, Vitis, Huancaya y Vilca; para la derecha sigue la carretera asfaltada hasta Huancayo. Aquí hay una pequeña oficina de turismo donde les pueden dar información y también este es el punto para abastecerse de combustible si van a Huancaya ya que en todo el camino no volví a ver otro lugar donde vendan gasolina o petroleo.

Empezamos la subida a Huancaya. Es una pena que a pesar de la gran cantidad de visitantes que reciben estos lugares las autoridades no logran asfaltar la carretera, según nos contó un poblador es por falta de apoyo del gobierno central; pero por lo menos sí le hacen mantenimiento porque estaba mejor que la primera vez que fui por ahí, en aquella ocasión la carretera estaba más pedregosa y con más huecos.

Rápidamente llegamos al desvío para Miraflores, un pueblo que también forma parte de la Reserva. Son solo 6 km hasta el pueblo.

Cuando no eres más que una cereza para la montaña

La primera vez que fuimos a la Reserva no pudimos llegar a Miraflores, lo intenté; pero a los 10 metros de recorrer el camino di media vuelta, con tantas piedras sueltas y huecos no podíamos avanzar con rapidez y teníamos apuro de llegar a Huancaya.

Esta vez no me perdería conocer este pueblo, sobre todo porque había leído que para llegar hay cañón impresionante. Mientras avanzábamos divisamos una curva donde el camino parecía desaparecer en el cerro. El camino se estaba poniendo interesante.

El camino parece desvanecerse.

Me fascinan los cañones, mientras más profundos y estrechos mejor. Allí puedes ver cómo es que el agua puede abrirse camino y pasar entre las montañas, literalmente cortar las montañas.

A veces pienso que cruzar un cañón es como pasar a otra dimensión. En esta ocasión cruzamos el portal y al otro lado encontramos niños pescando, alegres, truchas en el río.

Curva a la nada.

Miraflores nos pareció atractivo, Tiene una calle con árboles paralela al río, como una especie de malecón. En la plaza hay un arco construido por trozos de algo que parecía coral y ese tipo de restos que deja el mar cuando baja la marea, me pareció raro.

Todo estaba cerrado encontramos algunas personas caminando por la plaza, y obreros arreglando una de las calles, cada quien en su mundo. Sin nada más que hacer, salimos del pueblo para regresar y en el camino los niños se acercaron para preguntarnos qué hacíamos por ahí, muy amistosos todos.

¿Serán restos marinos?

Iglesia de Miraflores.

Este queñual solitario adorna la plaza.

Orgulloso de su pesca.

Otra de las razones por la que me gustan los cañones es por el vértigo que producen, esa sensación de estar entre dos cerros tan juntos ¿qué pasaría si deciden juntarse o si ese semi túnel fuese la gran boca del cerro y éste decide cerrarla y tragarnos como aceitunas, uvas o cerezas? yo creo que sería más como cerezas porque mi auto es rojo, y creo, también, que a veces dejo volar mucho me imaginación. Pero igual, si alguna vez sentiste algo así en un cañón, sabes a que me refiero.

En cualquier momento la montaña cierra su boca.



Esa angosta corriente de agua cortó la montaña.



Un lugar para olvidarse de todo

Regresamos a la ruta, continuando hacia Huancaya encontramos una cascada, muy ruidosa, muy rápida, muy potente. En este punto hay una pequeña subida en S, arriba, uno esperaría encontrar el potente y ruidoso río que alimente la cascada.

La ruidosa cascada.

Pero no. Solo hay un pequeño puente, hacia un lado la estrepitosa cascada, hacia el otro, uno de los lugares más apacibles de la ruta, la laguna Piquecocha. Paramos a estirar las piernas y olvidarnos del mundo por un rato.

La pacífica laguna.


Escucha el viento y relájate.









Vitis, solitaria

Pasando la laguna comienza la subida a Vitis. El camino no tiene piedras, es tierra arcillosa, muy suave cuando está seca, resbalosa cuando llueve. Tenía temor de que empezara a llover en plena subida, todo el día las nubes habían amenazado con mojarnos, pero no lo hicieron.

La primera vez que fui por ahí no estaba lloviendo, pero sí estaba mojado y era muy difícil subir con un camino tan resbaloso.

Llegamos a Vitis, estaba vacío. Esperaba encontrar más gente porque en el viaje anterior a la entrada del pueblo fuimos recibidos por un gran número de escolares que nos pidieron una colaboración para su viaje de promoción. Buenamente les di algo. Dos cuadras más allá se nos acercaron otros niños con la misma historia, cerca de la plaza, otros niños. Finalmente en la plaza una señora que indicaba por dónde ir, también nos pidió colaboración por sus indicaciones. Allí se me acabo la paciencia ¿acaso todo el pueblo se dedicaba a pedir dinero a los que pasan por ahí? 

No es bueno dejarse llevar por el prejuicio, al llegar a Huancaya entendí el porqué. Todos los visitantes y su dinero se quedan en Huancaya, a Vitis solo le queda recibir la buena voluntad porque casi todos pasan de largo, a pesar de que también hay hospedajes allí. Al menos esa fue la impresión que me dio aquella vez. Si pasan por Vitis y les sucede algo parecido, no lo tomen a mal, colaboren.

Como decía, esta vez Vitis estaba vacía, paramos para las fotos de rigor, y como la mayoría, seguimos de largo.

En época de lluvia.

En época seca.

Callecita en Vitis.

La iglesia de Vitis.

La plaza.


Huancaya

Casi a las 3 de la tarde llegamos a Huancaya. Dejamos el carro en la plaza y buscamos dónde comer y hospedarnos. Nada de gente, todo vacío, muy distinto de cuando fuimos por primera vez. Aquella ocasión fuimos 14 personas y todos tuvimos que dormir en un solo cuarto porque no había más lugar donde quedarnos. Si van en feriado largo más vale que lleguen temprano a buscar dónde dormir y si no encuentran nada, regresen a Vitis que no está tan lejos.

Ahora teníamos, prácticamente, el pueblo para nosotros solos y podíamos darnos el lujo de escoger donde dormir. Lo malo de esto fue que no encontrábamos comida, como no había visitantes, nadie tenía nada preparado.

Empezó a llover, de por sí Huancaya es un sitio muy frío (3,800 msnm), con la lluvia lo fue más. Como ya descubrí que el frío contribuye a que me dé mal de altura esta vez no me haría el valiente y me abrigué bien, además ya estaba empezando a ponerme mal (en este viaje me puse mal). Elías optó por no abrigarse tanto como yo y en la noche y durante el día siguiente pago las consecuencias de retar al clima.

Decidimos quedarnos en la casa de una señora en la plaza. Unas casa más allá encontramos comida, la única opción: trucha frita.

Las calles en Huancaya son estrechas, se imaginan cuando está llena de gente.

Iglesia y pileta en Huancaya.

La plaza.

Luego de comer y con un cielo que de rato en rato se ponía a llover no teníamos mucho que hacer. A pesar del frío y la lluvia fuimos al puente colonial. No pudimos hacer mucho por la lluvia. Decidimos regresar a descansar hasta el siguiente día. 

Puente colonial.

Si no me equivoco debe tener como 400 años.



Empezó a llover con fuerza, se puso más frío y ya estaba casi oscuro, hora de dormir, no había nada más para hacer. Acomodamos las bolsas de dormir sobre las camas y a dormir con el arrullo de las gotas que caían sobre los árboles.

Y como ese día no pude tomar fotos de las cascadas, les comparto unas del viaje anterior, tomadas luego que se ocultó el sol, no uso filtros, así que es el único momento del día en que puedo tomar fotos así.





Y una foto extra, también del viaje anterior, Camila de un año a orillas de la laguna Piquecocha.

Camila reflexionando sobre su primer año de vida.







Prepárate para el viaje

Distancias:
  • Desvío Laraos - Tinco: 6 km 
  • Tinco - Vitis: 12 km
  • Tinco - Miraflores: 9 km
  • Vitis - Huancaya: 3 km

Carretera: hasta Tinco en buen estado, asfaltado. A partir de Tinco y hasta Huancaya es afirmada. No siempre está en buen estado, depende de la época (las lluvias la malogran).
Grifos: en Tinco hay 2 casas donde venden gasolina de 84 y 90, y petroleo. Después de ese lugar no volví a ver otro donde vendan combustible.
Dónde comer: Pueden comer en Llapay, Miraflores, Vitis y Huancaya. En temporada baja es algo difícil encontrar comida lista, todo está para preparar.
Dónde quedarse: en Vitis y Huancaya hay hospedajes.

Mapa: como en el capítulo anterior llegamnos hasta Laraos este mapa inicia desde el desvío a Laraos.

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sábado, 31 de mayo de 2014

Reserva paisajística de Yauyos: Laraos

Cuando estaba en la secundaria solía mirar un libro de hojas de ruta que sobrevive hasta hoy, de todas las rutas, había una que llamaba más mi atención por los paisajes que se veían en las fotos. Algún día iré por ahí ─me decía. Pasó el tiempo y olvidé esa ruta.

Hace tres años estábamos de paseo con unos amigos por Cañete, y en el peaje para Lunahuaná me entregaron un volante promocionando la Reserva Paisjística de Yauyos. Mostraban distintos lugares: el puente de aquí, la laguna de allá, el cañón este, la cascada aquella, etc. Miraba las fotos y algunas me parecían conocidas, hice memoria, y claro, las había visto antes en el libro de hojas de ruta. Así que quedaba por aquí ─pensé.

Seguimos la ruta a Lunahuaná y vimos un letrero que decía: Yauyos 85 km. No estaba muy lejos, era la oportunidad para ir a ver esos lugares, ver con nuestros propios ojos esos paisajes de las fotos sería mejor que quedarse en Lunahuaná. Y así seguimos directo hasta Yauyos. Mis amigos se quedaron en Lunahuaná, y nosotros nunca pudimos ver esos paisajes.

Lo que sucedió fue que llegamos a Yauyos pueblo y hasta ese momento yo creía que la Reserva Paisajística era un gran parque en el pueblo donde estaban todos esos lugares. Pues no. En el pueblo nos explicaron que Yauyos también era el nombre de toda la provincia, que la Reserva comprendía varios pueblos dentro de la provincia, y que todos esos lugares de las fotos estaban entre 3 y 5 horas de donde estábamos. Eran casi las 4 de la tarde del domingo, no teníamos más tiempo y el lunes tocaba trabajar. Ni modo, así se aprende. Regresamos sin conocer la reserva; pero no con las manos vacías, en el pueblo encontramos varias carnicerías abiertas y aprovechamos para comprar un buen trozo de carne, muy deliciosa, por cierto.

De regreso en casa busqué el libro de hojas de ruta y fui directo al capítulo de la Reserva de Yauyos, vi la ruta, vi las distancias y vi qué puntos debía visitar. Al siguiente feriado largo que tuvimos nos fuimos a conocer la Reserva. Fue un bonito viaje, nos fuimos en caravana con unos amigos y terminamos regresando por Huancayo (mala idea). Pero hoy no les contaré sobre ese viaje, sino sobre uno que hice hace poco, y para no hacer el relato tan largo lo dividiré según los lugares que conocimos.

Fui en abril con un amigo, Elías. Él está en el negocio del turismo y quería conocer la ruta para armar un tour. Me pidió que lo acompañara y nos fuimos por un fin de semana en plan de exploración.

Lunahuaná

Salimos de Lima viernes a las 2 p.m., pasamos Cañete y después de muchas vueltas porque están arreglando la carretera llegamos a Lunahuná cerca de las 5. El pueblo nos recibió callado. Ese silencio se sentía raro, siempre lo había visto alegre, lleno de gente y demasiado bullicioso; pero esa tarde estaba mudo, como pensativo y hasta triste. De rato en rato el llamado de los que ofrecían paseos en catrimoto rompía el silencio mientras avanzabamos por la calle que da a la plaza.

En la plaza nos recibieron las señoras que venden dulces, se nos acercó una de ellas y nos regaló tejas para probar y animarnos a comprar más dulces, estuvo deliciosa, era la primera vez que probaba una teja, pero terminé comprándole un alfajor.

Elías fue a buscar información de restaurantes y hoteles para su tour, yo aproveché que la plaza estaba casi vacía para tomar fotos, encontrar la plaza así un fin de semana era una oportunidad que no podía desperdiciar.



De todas las veces que he ido, esta es la primera vez que veo la plaza así de vacía.

Al rato la señora de los anticuchos empezaba a cocinar las primeras brochetas, también tenía choclo con queso, le pedí uno y me quedé conversando con ella. Cuando llegó Elías le pedimos pollo frito.

Mientras comíamos la señora nos contó su historia. Ella es de Imperial y hace 10 años vende anticuchos en la plaza de Lunahuaná. Al principió iba y venía todos los días. Regresaba a su casa entre las 2 o 3 de la madrugada cargando todos sus bultos. Un día una buena señora le ofreció para que se quede en Lunahuaná, en su casa, y no tenga que trajinar de madrugada llevando todo hasta Imperial. Y así hace hasta hoy, a cambio le deja los anticuchos o pollos que no se vendieron en la noche. Grande es el esfuerzo que hace la señora de los anticuchos, pero así logró pagar los estudios de sus hijos.



Nos despedimos y fuimos a buscar donde dormir. Encontramos un lugar cómodo, barato y limpio, suficiente para pasar la noche. Al día siguiente, después de casi no haber dormido por causa del inusual calor, salimos temprano rumbo a nuestro primer destino: Laraos.

Camino a la Reserva

Dejamos Lunahuaná atrás mientras recorríamos la sinuosa carretera que va junto al río. En general recorrer esta carretera es fácil, está pavimentada hasta el desvío para Huancaya y no tiene muchos abismos ni subidas empinadas, lo único que abunda son los "rompemuelles", y es por una razón: luego de pasar por Zuñiga, un pequeño pueblo atravesado por la carretera, ésta se hace angosta y hay que ir con cuidado, sobre todo en las curvas porque no se puede adivinar qué puede venir del otro lado.

Hay que estar atento al camino y no solo por la curvas, sino también por el paisaje que ofrece. Es el típico camino que va entrando a la sierra; pero tiene ciertos detalles que podrían pasar desapercibidos y quizá también les resulten interesantes. Como nubes que te van indicando el camino, un pequeño bosque de cactus, árboles muertos en medio del río que se niegan a caer, un puente colgante que va de subida, cascadas que cortan la dura roca, patos silvestres nadando en el río, etc. Sólo hay que estar atentos.

Valle del río Cañete.

Carretera angosta, puedes correr, pero no debes confiarte.

Sigue la nube flecha para llegar.

A que no parecen manos haciendo gestos. Usen la imaginación.

Árboles que aún muertos resisten la fuerza del río.

¿Te atreverías a cruzar?

Agua fresca.

En el camino recogimos a una señora que caminaba por la carretera. Nos explico a dónde llevaba ese puente colgante en subida y que aparentemente no conduce a ningún sitio. Resulta que arriba en el cerro existe un caserío, hay un trocha que lleva hasta el lugar y se puede ir en cualquier vehículo; pero la entrada a esa trocha está unos kilómetros más adelante y sube el cerro haciendo zigzag. Entonces los pobladores para no tener que dar tanta vuelta cuando van a pie, prefieren subir o bajar por un sendero angosto en el cerro y cruzar ese puente. Kilómetros más allá dejamos a la señora en una solitaria casa en la orilla del río, nos regaló unos mangos para el camino.

Pasamos de largo el desvío que sube a Yauyos pueblo y a medida que subíamos por la carretera el paisaje iba cambiando, los cerros eran más altos y el espacio entre ellos se hacía más estrecho. Después de dos horas viajando ya estábamos muy cerca a nuestro destino.

Hay lugares donde los cerros están muy cerca, pero no es nada en comparación con lo que encontramos después.

Patos silvestres.

Laraos

Ubicado a 3,500 msnm, sobre lo que podríamos llamar una represa natural. Para llegar hasta allá tomamos un desvío asfaltado que sube zigzagueando por la montaña. A medida que avanzábamos fuimos divisando los andenes que cubren el cerro casi en su totalidad. Desde el camino parecen escalones, pero en realidad son inmensos. Elías quedo asombrado. Lo que a mi me dejó perplejo fue encontrar una grupo de loros sobre un árbol, nunca pensé encontrar tantos loros silvestres juntos a esa altura. Lo más gracioso es que cada vez que lograba enfocar la cámara para tomarles una foto ellos volaban a otra rama y así lo hicieron cinco veces, luego volaron lejos y nunca les tomé una foto.

Allá arriba está Laraos, en una especie de dique natural, justo detrás de ese cerro está la laguna.

La montaña está llena de andenes que de lejos parecen gradas, de cerca son enormes.


Este es el río que sale misteriosamente de la laguna de Laraos.

Luego de 9 km llegamos a Laraos. Dejamos el auto en la plaza y fuimos al hospedaje para que Elías haga lo suyo. El lugar es sencillo, pero acogedor. Pequeñas habitaciones todas con la puerta hacia un largo balcón desde donde se ve la plaza y la iglesia. No había nadie a quién preguntar y nos fuimos a ver la laguna.

Sombrero en la plaza.

Torre de la iglesia.
 
Campanario.

Puerta de la iglesia.

Hospedaje.

La primera vez que fui a Laraos la laguna estaba seca y no me llamo mucho la atención; sin embargo en esta ocasión sí tenía agua y estaba realmente espectacular. Esta laguna solo tiene agua durante la época de lluvias, cuando no llueve sirve como cancha de fútbol pues queda completamente vacía. Caminábamos buscando un lugar para tomar una buena foto y encontramos el nuevo hospedaje del pueblo, una moderna construcción que está muy bien ubicada en una especie de mirador justo frente a la laguna. Quien haya diseñado el hospedaje lo hizo muy bien, los cuartos que dan a la laguna tienen grandes ventanales que van del suelo hasta el techo, todos dan hacia un balcón de donde se puede apreciar la pacifica y relajante vista. No estaría mal quedarse un fin de semana allí para olvidarse de todo el caos de la ciudad.

Este es el nuevo hospedaje del pueblo.

Estas son las habitaciones.

Y esta es la privilegiada vista desde las habitaciones.

Después de conocer el hospedaje, fuimos a recorrer el pueblo. Casi todas las calles son de subida y empedradas y con cada vuelta de esquina que dábamos nos encontrábamos con detalles interesantes. La gente que encontramos mientras caminábamos fue muy amable y amistosa.



La mayoría de calles suben.
 
Y son estrechas.

Estas casitas me recordaron a las que usaban los incas.

Estas rosas crecían en un techo.

Bonita decoración.

Y estos cactus crecían sobre un cerco de piedras.

Balerina.

Interesante intersección.

Y para quienes no conocían de dónde viene el sauco (así como yo), aquí se los presento.

Después de caminar por las callecitas tenía una extraña sensación. El pueblo es sencillo, quizá no tenga mucho que ofrecer; pero te llena de una sensación de tranquilidad y orden que dan ganas de quedarse a vivir allí. Debe ser el esmero de la gente y sus autoridades por hacer que su lugar luzca bien. Elías sintió lo mismo, así que no estoy loco.

Ahora que estábamos en la parte alta todas las calles eran de bajada para regresar a la plaza. Mientras bajábamos una señora nos dijo que en el municipio nos podían dar información turística y que nos apuremos porque cerraban al medio día. Llegamos al municipio, Elías entró y yo me quedé en la tienda de a lado comiendo galletas.

La Sra. Laura y la cosecha de truchas

Me quedé conversando con la señora de la tienda, muy simpática ella, su nombre es Laura Lermo (espero haber escrito bien el nombre), si van por allá visítenla, es muy amable. Doña Laura me contaba que la gente se dedicaba a la siembra para consumo propio y que aún se utilizaban los andenes para ello, pocas veces son las que producen bastante como para vender a otros lugares. Conversamos muchas cosas, le conté sobre el blog y se animó a que le tome una foto. Lo que más me sorprendió fue la explicación del ciclo del agua de la laguna.

La tiendita de Doña Laura, justo al lado de la entrada al municipio.

Doña Laura, muy amable me permitió tomarle una foto. Gracias.

De julio a octubre la laguna está completamente seca, por eso la pueden usar como canchita de fútbol aprovechando que es el único lugar amplio y plano del pueblo. De noviembre a marzo, época de lluvias, el agua va inundando la canchita hasta convertirse en laguna; pero ¿cómo es que se seca? aquí viene lo interesante. Existe un canal "secreto" que pasa por debajo del pueblo, no recuerdo si es un canal natural o uno hecho por ellos, pero por ahí sale el agua de la laguna y forma ese río que parece que sale de la nada entre los cerros y que va regando el valle bajo Laraos, de esta forma la laguna se va vaciando hasta quedar completamente seca a finales de junio.

Es una foto de la primera vez que fui a Laraos, así de seca queda la laguna.

Dónde estará el canal secreto.

Foto del viaje anterior. ¿Logran apreciar el inicio del río entre los cerros? tengo que regresar a ver con mi propios ojos dónde inicia ese río.

Y eso no es todo, mientras la laguna va quedando sin agua sucede algo interesante. Ente mayo y junio, meses en que hay menos agua, las truchas se van quedando sin espacio y comienza la teporada para "cosecharlas" porque son tan fáciles de atrapar que hasta lo puedes hacer con la mano.

Doña Laura me dijo que las truchas de Laraos tienen mejor sabor, porque no son de granja, sino que las dejan crecer libres en la laguna, comen lo que encuentran, nada de alimentos procesados y nadan tranquilas a lo largo de la laguna. Y ¿de dónde llegan las truchas? otro misterio pendiente para la próxima vez que valla a Laraos.

Hora de partir

Elías salió más que contento de la municipalidad, le gusto el buen trato y la gran disposición por ayudar de la gente, me preguntaba por qué a pesar de ser tan buen destino es uno de los puntos menos visitados de la reserva. Yo creo que es porque está metido como en un rincón y a veces el desvío pasa desapercibido. En mi caso, a pesar que es la segunda vez que voy a Laraos, me pasé de largo el desvío y me di cuenta de él cuando lo vi en el retrovisor.

En general la gente de Laraos es así, aún recuerdo la primera vez que fuimos. Yesica y Camila se quedaron en el auto y yo fui a dar una vuelta por la plaza y el hospedaje, estabamos sólo de pasada porque nuestros amigos estaban avanzando directo hasta Huancaya.

Me puse a tomar fotos a las flores del hospedaje y salió una señora. De primera impresión creí que se enojaría conmigo por estar tomando fotos sin permiso; pero no. Muy orgullosa de sus flores empezó a hablarme de ellas, luego me enseño el hospedaje y me hablaba bonitas cosas del pueblo, entramos al comedor y me enseño sus maíces de diferentes colores que guardaba como tesoros. Me hablaba como si me conociera de siempre, me sentía tan cómodo que me dio pena no quedarme allí. Laraos tiene gente muy cálida.

Esa tarde, del primer viaje, Laraos nos regaló un bonito paisaje para despedirce. Salió el sol y los andenes secos brillaron cual oro, una imagen para no olvidar.













Prepárate para el viaje

Distancias:
  • Lunahuaná - Laraos: 123 km 
  • Lunahuaná - desvío: 114 km.
  • Desvío - Laraos: 9 km.

Carretera: en buen estado, todo asfaltado, alguno que otro bache; pero eso sí, pasando Zuñiga es angosta, muchas curvas ciegas y rompemuelles.

Grifos: en Lunahuaná y alguna que otra casa ofrece combustible en el camino.
Dónde comer: en Laraos tienen un comedor.
Dónde quedarse: para no hacer un largo viaje la primera noche la pueden pasar en Lunahuaná, allí hay de todo precio, para todos los gustos. En Laraos tienen dos hospedajes.

Mapa:


Ver Lunahuaná - Laraos en un mapa ampliado
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