18 de junio de 2013

De Lambayeque a Puerto Pizzarro


Nunca en mi vida había estado más al norte de lo que está Lambayeque. Mi límite siempre había sido esa especie de ovalo donde se divide la  Panamericana y la carretera que va a la selva. Cada vez que viajaba hacia Jaén miraba por la ventana aquellas tierras misteriosas que se perdían en el horizonte mientras el bus se dirigía al este y siempre con las mismas preguntas en mi cabeza ¿cuándo será el día que cruce ese óvalo? ¿acaso el destino me había negado la visa para cruzar esa frontera que la falta-de-oportunidad me había impuesto? Todo eso terminaría esa mañana, por primera vez en mis 32 años me dirigía a ese norte tan esquivo y aunque mi destino no era ningún lugar exótico del planeta, me sentía tan emocionado por ir a ese extremo del Perú que nunca había tenido oportunidad de conocer. Por dentro me sentía como un gran explorador, de esos de la antigüedad, me sentía como Magallanes descubriendo ─al menos para mí─ nuevas tierras, claro, con la diferencia que yo iba al norte, en auto, por carretera y no descubriría nada.

Nuestra exploración a las tierras desconocidas inició temprano, bueno, no tanto, era como las 9 de la mañana la hora en que salimos de Chiclayo. Decidimos ir sin escalas hasta Tumbes, el día anterior habíamos hecho el recorrido de Pacasmayo a Chiclayo entrando a cada pueblo que se nos cruzaba por la carretera y eso nos hizo demorar al rededor de 7 horas. Al final fue un recorrido de 170 km en 7 horas, eso no pintaba bien para el itinerario, y si seguíamos en ese ritmo nunca llegaríamos a Quito-Ecuador antes que terminen las vacaciones.

Salir de Chiclayo y cruzar Lambayeque no fue fácil. Todas las pistas estaban rotas (creo que hasta ahora siguen así) y no sabíamos por donde ir, aparentemente al alcalde se le ocurrió arreglar todos los desagües al mismo tiempo. Pero una vez que cruzamos Lambayeque y ese óvalo-frontera tuvimos el camino libre para nosotros.

El desierto de Sechura y sus lagartijas

Hasta Mórrope (20 km desde Lambayeque) aún se ven chacras y árboles a los costados de la carretera; pero 4 km después de cruzar el peaje de Mórrope el paisaje cambia súbitamente. Ahí comienza el desierto de Sechura, algo de 150 km de seco y caluroso desierto con 4 o 5 curvas, nada más. A pesar de ello, el recorrido no fue aburrido porque había muchas lagartijas cruzando o tomando el sol en la carretera, tuve que estar muy atento para no aplastar a ninguna, como no había nadie más en la carretera podía esquivarlas con tranquilidad.

No había tráfico en la carretera, quizá porque era 1 de enero.

Pasando el desvío que va a Bayovar el paisaje cambia un poco, aún es desierto, pero hay mucho algarrobos al rededor, paramos un rato bajo uno que estaba cerca a la carretera. Bajé del auto y lo primero que vi fue un montón de lagartijas de todos los tipos, nunca en mi vida había visto cientos de lagartijas en un solo lugar: grandes, medianas, pequeñas, azules, verdes, rojas, grises, tornasoladas. Todas se escaparon ni bien sintieron mi presencia y no me dieron las oportunidad de tomarles una foto.

Luego de pasar Mórrope, total y absoluto desierto.

Luego, unos 20 km antes de llegar a Piura hay muchos asentamientos humanos, aproximadamente uno cada 1.5 km. Eso nos llamo mucho la atención, nos preguntábamos, de dónde podrían sacar agua para vivir en medio del desierto. Quería parar para averiguar, pero ya no queríamos demorar más el recorrido.

Piura

Llegamos a Piura como a las 11 de la mañana. Pensamos en hacer una rápida visita a un amigo y terminamos quedándonos a almorzar. Nos fuimos a pie a un restaurante que estaba cerca de su casa como para sentir de cerca la ciudad. Mala idea, el calor era muy fuerte. Hasta ese momento no había sentido el calor de Piura porque en la carretera veníamos con el aire acondicionado encendido y la casa de mi amigo era muy fresca. Creo que ni en la selva había sentido tanto calor.

Después de recorrer 5 sofocantes cuadras llegamos al restaurante, estaba lleno de gente, eso significaba dos cosas: la comida es buena o es el único local abierto el 1 de enero. Tuvimos que esperar a que se desocupe una mesa y luego esperar a que nos trajeran la comida. Casi una hora esperando 2 cebiches y 2 chicharrones de pescado. Valió la pena, estuvo delicioso y pedimos 2 platos más de cada uno. Comimos hasta decir basta. Para los que quieran ir, queda en la Av. Vice y se llama Los Medallones. Regresamos, pero esta vez en mototaxi, nos dimos un baño, nos despedimos y partimos.

Antes de dejar Piura fuimos a conocer la plaza, tomamos la Av. Grau para llegar a ella y recorrimos algunas calles de por ahí cerca. Nos encantó ese lado de la ciudad, la arquitectura, sus calles llenas de árboles, los parques, realmente muy bonito, tranquilo y ordenado; espero que sea así siempre y no solo por el feriado. No pudimos tomar fotos, así que ya tengo un motivo más para regresar a Piura. Buscamos un grifo, llenamos el tanque y nos fuimos para Tumbes.

El tráfico y las bombas de petróleo

Salimos de Piura a las 3 de la tarde. El tramo entre desvío a Paita y Sullana le denominan autopista del Sol. Es una autopista de aproximadamente 30 km y 2 carriles por sentido, pero parece que sólo usan un lado de la autopista por lo que había que compartir el otro carril con los que venían en dirección contraria. Había mucho tráfico y los camiones y carros viejos hacían más lenta la circulación, era difícil adelantar porque en sentido contrario era lo mismo; lo peor de todo eran esos apurados que nunca faltan en el camino y que por ganarle al trafico, adelantaban por la izquierda o la derecha a pesar de que era un carril por sentido. En verdad fue un trayecto muy peligroso y no entiendo porque si hay demasiado tráfico no dejan circular a cada sentido en su propia vía.

A Sullana la pasamos de largo, no quería demorar más, luego seguía Marcavélica a unos 4 km. Es una zona agrícola, hay muchos arboles, palmeras y arrozales, un paisaje de mucho contraste pues los cerros que los rodean son desérticos, todo eso junto al color de la tarde le daban un aspecto único al paisaje. Cruzamos toda esa zona de chacras y nuevamente en al desierto, a partir de este punto el viaje fue pesado, la carretera, si bien está asfaltada, tiene tramos en mal estado y cada cierta distancia hay causes de agua secos y la carretera se desvía descendiendo, haciendo una curva y volviendo a ascender para rodearlos, supongo antes del Fenómeno del Niño del 98 en esos lugares habrían puentes. A todo eso hay que sumarle nuevamente los apurados que quieren pasar a todos los vehículos. No estoy en contra de que me adelanten, pero deberían hacerlo con prudencia.

Campo de arroz en Marcavélica.

La tarde estaba nublada pero el sol hacía su esfuerzo para filtrarse entre las nubes.

Llegamos a la zona de Talara y aquí dirigirnos se complicó un poco porque hay muchos desvíos y la señalización es confusa, si escucharon ese dicho: todos los caminos llevan a Roma, pues aquí se cumple lo siguiente: todos los desvíos te llevan a Talara. Si no era por el GPS hubiera terminado en Talara y no en Tumbes. A partir de aquí encontramos muchas bombas de extracción de petróleo, eso si fue todo un descubrimiento para mí porque por el precio que tenemos que pagar por la gasolina jamás hubiese imaginado que se extrajera petróleo aquí en Perú. Es algo que nadie entiende, si extraemos petróleo por qué nos cuesta tanto la gasolina. Las bombas de petróleo nos acompañaron un buen trecho hasta que nos cayo el atardecer y paramos a estirar las piernas y de paso a tomarle fotos a una de las bombas.

El desierto nos regaló esta espectacular puesta de sol.

Seguimos nuestro camino, pasamos de largo Los Organos y Máncora, aunque Máncora nos costó algo de paciencia, mucho tráfico, mucha gente, todo era desorden y caos, la verdad, no era como me lo imaginaba.

Tumbes y Puerto Pizarro

Atravesar los 2 km de largo que tiene Máncora nos tomó como media hora, ya era casi las 8 de la noche, y para Tumbes aún nos faltaban como 100 km. Seguimos nuestro camino casi sin tráfico, parece que todos los apurados de la carretera se quedaron en Máncora. El noche estaba oscura y para empeorar empezó a llover, era una lluvia torrencial que nos acompaño hasta Zorritos. Desde allí ya no faltaba nada y me imaginaba comiendo una rica milanesa en Tumbes. Pues no, al llegar a Tumbes la notamos algo desierta y poco acogedora, además que ya me habían advertido de tener cuidado en Tumbes porque hay muchos robos. Ya era casi las 10 de la noche y regresar no era opción. Mi papá me había recomendado ir a Puerto Pizarro y sólo faltaba 10 km para llegar allá. Nos arriesgamos y seguimos adelante.

Al llegar nos desanimamos, Puerto Pizarro es un pueblo muy chico, la única calle asfaltada es la carretera de ingreso, todos los hospedajes estaban llenos y el único lugar para quedarse era un Hostal, y bueno... no me digan que no suelen relacionar los hostales con otros menesteres, a parte que la forma del lugar no era alentadora (puerta de fiero y vidrio, escaleras, recepción en segundo piso) así que la idea de quedarnos allí no nos gustaba, pero ni modo o era eso, o era regresar a Tumbes. Tocamos el timbre, subimos y preguntaos, la señora que nos atendió fue muy buena, se dio cuenta de nuestra incomodidad y nos invito a conocer el lugar y las habitaciones, nos aseguro que ese lugar era sólo para dormir. La amabilidad de la señora era una buena señal, nos dio confianza y nos quedamos. El lugar era muy limpio y a pesar de la sencillez todo era de primera.

Después de instalarnos fuimos a buscar donde comer, era tarde, poco más de las 10, aún quedaban lugares abiertos y entramos al que tenía menos gente para que nos atiendan rápido. Pedimos milanesa, pollo frito y limonada.

─No tenemos limonada -nos dijo la mesera con pena.
─Y tienen chicha morada.
─Tampoco.
─Algún otro refresco...
─No, sólo gaseosas. ¿No toman gaseosa?
─No mucho, además tenemos sed y no hay nada mejor que la limonada para la sed.

Luego de esa pequeña charla la mesera nos dijo amablemente: no se preocupen, les preparé limonada.


Esta de tomar la carretera hasta Tumbes estuvimos aquí y después de beber limonada conocimos los manglares.

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Por: Jorge David Cachay Salcedo

2 comentarios:

  1. Buen Post y buenas fotos.Soy de Tarapoto y cuando tengo que bajar a Lima en carro me encanta esta parte del camino.

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    1. Hola Julio, gracias por tu mensaje, sí, es una buena ruta, el desierto da muchas sorpresas com el paisaje.

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