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30 de mayo de 2017

Cuando sin planearlo descubres la selva central


Es en ocasiones como esta cuando se nota la diferencia entre viajar como turista para conocer algo específico y viajar recorriendo la carretera libremente simplemente por el placer de viajar preguntándose qué cosas nuevas encontraré en la siguiente curva. Y eso fue lo que nos pasó en esta ocasión.

Confieso que nuestro recorrido inició como un viaje turístico porque íbamos con nuestros amigos y debía ser cuidadoso pues no sabía que tanto les podría gustar la aventura; así que planifique bien la ruta y los lugares para conocer, nada de desviarse por ningún camino desconocido como suele pasar cuando la curiosidad me gana. Y la mitad del viaje fue así hasta que nos agarró el soroche y tuvimos que cambiar los planes y huir de la altura sin completar nuestro riguroso itinerario turístico. Al menos, a pesar del mal de altura, esta vez sí llegamos a recorrer parte del bosque de piedras de Huayllay

Rogger y Varinhia, nuestros compañeros de viaje, querían regresar a Lima; pero de algún modo los convencí para ir a tierras más bajas y menos frías y ver qué podíamos conocer por ahí ya que todavía nos quedaban dos días libres. Fue así como llegamos a Tarma y mientras disfrutábamos un suculento y reparador almuerzo en un restaurante frente a la plaza nos pusimos a pensar a dónde ir.

Se nos ocurrió recorrer la selva central, todos los lugares que pudiéramos mientras nos alcanzara el tiempo. Buscamos en el mapa los nombres de todas esas ciudades y pueblos de los que siempre escuchamos: La Merced, San Ramón, Pozuzo, Satipo, Villa Rica, Chanchamayo, Pichanaki y que; sin embargo, ninguno conocía. Rogger nos contó que ya había estado por esas tierras; pero como había ido de muy niño ya no se acordaba de nada así que era como que recién iba a conocer. Además con la caja de cambios del auto comportándose como ya les había contado aquí, descartamos las opciones que tenían que ver que con ciudades de sierra y altura.

Cuando vimos la ruta en el mapa aprendimos algo más sobre la geografía de nuestro Perú. Chanchamayo no es ni una ciudad ni un pueblo, es el nombre de la provincia y distrito, cuya capital es La Merced; Pichanaki y Satipo también forman parte de la selva central, pero están por otras latitudes; Villa Rica está camino a Oxapampa, pero por una ruta alterna y por último, Pozuzo estaba demasiado lejos y el tiempo no nos alcanzaría para llegar hasta allá. Entonces nuestro recorrido se limitaría a San Ramón, La Merced y Oxapampa y lo que podrías conocer en medio de estas ciudades. Así que ahora paso a contarles sobre la ruta y cómo nos fue.

Pan de Azúcar

Al día siguiente, mientras la ciudad terminaba de despertar, salimos a descubrir la selva central. Yésica estaba más que emocionada y curiosa, nunca antes había estado en la selva y quería entender el porqué a mí me encanta la selva. Por mi parte estaba ansioso de recorrer esta zona porque hacía tiempo que quería sacarla de mi lista de lugares que me faltan conocer del Perú. Camila ni qué decir, ella siempre está feliz de viajar y conocer. Por su lado, Varinhia y Rogger, también estaban contentos aunque algo preocupados por un pronostico de lluvia que mostraba una aplicación del celular.

Después de algunos kilómetros en bajada y muchas curvas el paisaje cambia totalmente. Atrás dejamos la rala vegetación serrana para entrar a un paisaje montañoso con verdes y exuberantes bosques. 

Atrás dejamos los paisajes de tonos amarillos de la sierra por este verde intenso de ceja de selva.

Atrás también dejamos los 3,000 metros de altura y el friecito matutino de Tarma por un clima caluroso y pleno en oxígeno que nuestros pulmones agradecían, estábamos ya al rededor de los 1,500 metros de altura.

Al carro también le hizo bien el oxígeno extra en el aire, la caja de cambios ya empezaba a comportarse de una manera  decente o quizá era porque la carretera iba de bajada, no lo sabríamos hasta después cuando empezamos a subir a Oxapampa. Como sea, fue en estas latitudes en las que viajar sin apuro y sin plan específico nos trajo nuestras primera sorpresa. Hicimos nuestra primera parada, en un lugar llamado Pan de Azúcar.

Considero que este es un punto de parada obligatoria en la carretera pues a parte de estirar las piernas pueden disfrutar del paisaje desde un mirador y dos caídas de agua. El mirador está en un pequeño cerro al costado del puente. Intentamos subir, pero a medio camino nos regresamos pues éste es muy angosto y empinado.

Al otro lado del puente hay una linda cascada que cae por una quebrada. También hay un camino que sube a la parte alta, éste es más fácil de transitar y va por entre la vegetación, Camila se sentía como Mowgli en medio de la vegetación y mirando detenidamente cada insecto que se cruzaba por ahí. Sobre la cascada encontramos un pequeño puente colgante que cruza la quebrada, el camino continua, pero nosotros preferimos quedarnos un rato allí disfrutando del sonido que producía el agua al golpear las rocas.

Luego nos pusimos a buscar el Velo de novia, la otra caída de agua, y por más que hay muchos letreros que indican su ubicación nunca la pudimos hallar. No es que los letreros estén mal, si no que estábamos al final de la época sin lluvias y pues ni modo, no caía agua. Pero esta cascada debe ser lo mejor del lugar porque cuando cae el agua se forma un túnel entre la caída de agua y la montaña.

Cascada en la quebrada.


Puente sobre la cascada en la quebrada.


Sin saber pasamos varias veces por dentro del Velo de novia. Cuando hay agua, ésta cae por el lado izquierdo, entonces tendríamos un interesante túnel formado por el agua que cae y la montaña.

Puente Pan de Azúcar, cuando el Velo de novia está activo, lo que se vería es agua cayendo frente a ti como una ducha.

Varinhia y Rogger, nuestros compañeros en esta aventura.

En esta ocasión tuvimos mala suerte, espero que la próxima que pasemos por allí sí podamos disfrutar del Velo de novia. Y una recomendación para cuando paren en este lugar, a unos 20 metros pasando el puente hay un amplio estacionamiento a la derecha de la carretera.

Cascada del Tirol

Continuamos en la ruta hacia nuestro próximo destino y mientras los kilómetros para llegar a San Ramón iban disminuyendo de uno en uno, la temperatura iba subiendo de dos en dos grados.

Para suerte nuestra, en plena carretera, encontramos algunas tiendas de frutas y bebidas que se convirtieron, a pesar de estar rodeados de vegetación, en nuestro oasis donde aplacamos el calor con una refrescante agüita de coco heladita.

Yo quiero tomar agüita de coco... estoy de sed... 


Llegando a San Ramón nos pasó algo paradójico. Por andar atentos de cuál sería la entrada al pueblo, nos pasamos de largo y nunca pudimos ingresar; lo que en parte fue bueno pues al seguir de largo por la carretera cruzamos un puente y vimos un letrero que decía: Catarata del Tirol 5 km y nos desviamos hacía allá.

Nos desviamos para no perder la costumbre de salir de la ruta a curiosear y porque creíamos que era una caída de agua al costado del camino como las del puente Pan de Azúcar. La sorpresa vino luego cuando llegamos a un punto donde teníamos que estacionar para seguir a pie por un sendero de más o menos 2 km en medio de la selva y con ese tremendo calor. Felizmente hacía poco que Camila había tenido su primera caminata así que ya estaba preparada para recorrer este sendero.

El inicio de la caminata fue penoso tanto por la ligera subida como también por el calor; pero a medida que íbamos adentrándonos en la vegetación, ésta nos proveía sombra y frescura además que había tantas cosas para ver que luego de un rato nos olvidamos del calor, la distancia y el cansancio.

Rama con hojas rojas.

Encontramos un sin fin de mariposas de diferentes colores. Había una enorme de color azul tornasolado que nunca pude fotografiar.

Hoja espinosa. 

Pequeñas cascadas.


Exuberante selva.

El camino hacia la catarata del Tirol.


Hace siglos que no veía una de estas flores en color blanco.
 
Los musgos que crecían en las rocas parecían selvas en miniatura.


Además de las mariposas hay un montón de insectos para fotografiar; pero con tanta gente caminando y haciendo ruido por ahí es muy complicado.

Y al fin, luego de casi una hora caminando llegamos a la catarata del Tirol.


Cuando llegamos a la catarata encontramos más gente de lo que habíamos imaginado. El ambiente era alegre, todos gozando de las frías aguas que caen con gran potencia. Muchos iban justo bajo la misma catarata, que cae de más de 30 metros de altura, para tomarse una foto. Cuando llegó mi turno no aguante mucho, desde esa altura el agua duele.

El baño con agua fría nos quitó el cansancio y nos abrió el apetito. La caminata de regreso la hicimos en menos tiempo y hasta sentimos que la distancia fue más corta. Quizá porque la gravedad estaba a nuestro favor o quizá porque ahora urgía aplacar el hambre más que el calor.

La Merced

Saliendo del desvío hacia el Tirol continuamos nuestro recorrido por la carretera sin perder la esperanza de encontrar el ingreso a San Ramón para almorzar. Sin embargo, terminamos saliendo de la pequeña urbe sin darnos cuenta y así también sin darnos cuenta, a los pocos kilómetros, llegamos a La Merced. Aquí la carretera pasa por un costado de la ciudad, del mismo modo que en San Ramón; así que esta vez mejor preguntamos cómo llegar a la plaza para no terminar pasando de largo.

La Merced es la capital del distrito de Chanchamayo y de la provincia homónima. Es por ello que esta ciudad es la más desarrollada y bulliciosa que habíamos visto hasta el momento. Y mientras toda la gente andaba ocupada en sus quehaceres, nosotros solo buscábamos algo rico y típico para comer. Cerca de la plaza encontramos, supuestamente, la mejor opción.

A un costado de la iglesia, formados en una hilera, encontramos puestos con comida que se veía tentadora. Sin miedo a equivocarme sugerí para comer allí, en teoría esta comida siempre es la mejor; mas en esta ocasión, y con el perdón de la gente de Chanchamayo, no nos gustó tanto que digamos.

Permítanme explicarlo mejor, lo que comimos no tenía mal sabor, todo lo contrario; pero la textura no parecía la de comida fresca. Igual comimos todo, no quisimos ser inoportunos con la señora que con mucha amabilidad nos atendió, quizá ese sea el estilo de cocción de los alimentos del lugar.


Iglesia principal de La Merced.

Plaza de armas de La Merced.


Nos estaba agarrando la tentación de quedarnos a ver que más podíamos conocer en La Merced, además la aplicación del celular de Rogger seguía anunciando lluvia aunque las nubes se veían amistosas. Sin embargo nuestro viaje era de exploración y de aventura, y la lluvia es parte de ello. Así que luego de entrar a un par de tiendas a ver la variedad de rico café que se produce en la zona y dar una vuelta por la plaza principal y otra que está detrás de la iglesia, a eso de las 4 de la tarde, salimos rumbo a Oxapampa; con muchas expectativas por todo lo bueno que dicen de este lugar.

Oxapampa

Saliendo de La Merced la carretera es de curvas amplias y una ligera pendiente a favor que facilita avanzar por ella. Hasta allí el Citoën C4 en el que íbamos se estaba desenvolviendo bien y rápidamente llegamos al puente Paucartambo.

Es cruzando este puente donde la carretera se divide y tenemos dos rutas para llegar a Oxapampa. Por la izquierda la carretera va directo; mientras por la derecha primero llegas a Villa Rica. Esta última ruta es 15 km más larga, lo que es nada para todo lo que ya habíamos recorrido hasta allí. Lo que en realidad nos hizo desistir de conocer Villa Rica es que pasando esta ciudad la carretera a Oxapampa es afirmada y optamos por la ruta directa y totalmente asfaltada. 

Cruzar ese puente también significa pasar del departamento de Junín al de Pasco. Y mientras íbamos subiendo por la carretera pensaba en el giro que dio este viaje. Solo dos días atrás nos moríamos de frío a más de 4,000 metros de altura en el departamento de Pasco y ahora nuevamente en Pasco; pero de calor a unos 700 metros de altura.

Y andaba yo divagando en esos pensamientos geográfico y climáticos, mientras seguíamos subiendo, cuando el sonido de las aves y monos y sabe Dios qué otros animales me devuelve a la realidad. Y vaya qué realidad porque la subida cada vez se ponía más empinada y las curvas más cerradas y la caja de cambios del Citroën nuevamente, como cuando íbámos a Huayllay, empezó a meter los cambios cuando a ella se le antojaba y no cuando yo necesitaba. Fue una subida muy tediosa. 

Al menos los animales nos hacían compañía desde el espeso follaje de los árboles. No los podíamos ver y al parecer yo era el único que los escuchaba, quizá andaban con los oídos tapados por la subida y tanta curva, en verdad es una de las carreteras más sinuosas que he recorrido. De pronto oscureció, los animales ya no se oían más, las curvas se enderezaron y la lluvia nunca calló. A lo lejos vimos las luces de una ciudad, al fin Oxapampa.

Al llegar nos llevamos una bonita impresión. Una ciudad tranquila, limpia, ordenada y con unas casitas que no te cansas de ver. Una vez en la plaza nuestra primera tarea fue buscar hospedaje. Encontramos uno cómodo y económico a una cuadra de la plaza, todos los demás nos parecían demasiado caros y no dudo que valgan lo que cobran; pero el lujo no era nuestra prioridad. La segunda tarea fue buscar comida y encontramos un restaurante muy bonito y de rica comida en el lado norte de la plaza, es una pena que no recuerde el nombre.

Y me pregunto si se estarán preguntando porque tanto texto sobre Oxapampa y ninguna foto. Bueno, por alguna extraña razón dejé la cámara en el auto y solo salimos a caminar por ahí, sin más ni más. Y bueno, creo que ese es motivo más que suficiente para regresar ni bien se pueda para tomar fotos de este bonito lugar.

La única foto que le saqué a Oxapampa. Qué penita, tendré que regresar para tomar más fotos ;)
Rogger y Varinhia, nuestros amigos viajeros.

Camila de fotógrafa. Gracias Vari por la foto. Sony, págame por la publicidad.

Al día siguiente y luego de una rica noche de descanso nos preparamos para recorrer los 400 km de regreso a Lima. Salimos casi a las 10 a.m. de Oxapampa y solo paramos tres veces: en San Ramón para comprar fruta, en San Mateo para comer algo y antes de entrar a Chosica para que laven el carro mientras el sol caía entre los cerros.

Como casi no paramos ahora apreciamos la ruta y los cambios de paisaje y clima en ella. Pasar de la vegetación abundante y verde de la selva a la sierra de ralos bosques y pequeñas plantas, para luego llegar a la puna donde solo crece el amarillento ichu y nuevamente descender para llegar a los áridos cerros con uno que otro cactus de la capital. Es una variedad de paisajes que ayuda a entender el porqué dicen que en el Perú están condensados todos los climas del mundo.

Y así fue como este viaje que inició camino al bosque de piedras de Huayllay terminó, gracias al soroche, en Oxapampa. Fue un viaje rápido y no conocimos más que lo que estaba en la misma ruta, sabemos que hay más lugares maravillosos por descubrir allá; pero al final llegamos a casa cansados y contentos por haber estado en un pedazo del Perú que hasta dos atrás no conocíamos.


Puedes ver más fotos en el álbum de Facebook.


Prepárate para el viaje

Distancias: (aproximadas)

Total recorrido desde Tarma - San Ramón - La Merced - Oxapampa: 148 km.
Tarma - Pan de Azúcar: 50 km.
Pan de Azúcar - San Ramón: 12 km.
San Ramón - La Merced: 11 km.
La Merced - Oxapampa: 75 km.

Carretera: 

Toda la carretera está pavimentada excepto en la zona de la quebrada de Yanango donde están construyendo un túnel que pasará justo por debajo de la ruta de huayco de la quebrada (eso será interesante en época de lluvias). Subiendo del puente Paucartambo hacia Oxapampa la carretera e demasiado sinuosa, imposible adelantar, tomen sus precauciones.

Grifos: En Tarma, San Ramón, La Merced y Oxapampa. De preferencia llenar el tanque en Tarma para llegar de una sola hasta Oxapampa.

Dónde comer: Hay comida en las ciudades y también la ruta, pero elijan bien dónde comerán.

Dónde quedarse: En Tarma, La Merced y Oxapampa hay buena oferta hotelera. En Oxapampa los hospedajes son caros. Nosotros nos quedamos en uno bueno y a buen precio en el Jr. Bolivar, cerca a la plaza, entre Jr. Grau y Jr. Tomas Schaus. 

Mapa:


Por: Jorge David Cachay Salcedo
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22 de octubre de 2013

Huayllay y los lugares a los que debemos regresar


Después de nuestra travesía nocturna por la puna llegamos a Huayllay. A pesar de lo poco que vi, el pueblo es bonito y tuvimos que dejarlo así como llegamos. Pasamos por Vicco y fuimos hasta el lago Junín, el segundo más grande del Perú, pero fue una visita como decir: se mira pero no se toca. En la ciudad de Junín sólo paramos para comprar mandarinas y echar combustible. Finalmente llegamos a Tarma para dormir y arreglar el auto. A veces en nuestros viajes las cosas no salen como las planeamos. El plan original fue ir hasta Huayllay, visitar el bosque de piedras y seguir hacia Tarma y selva central; pero en el camino visitando otros pueblos y demoramos más de lo pensado. De todas maneras, al final de cada viaje, siempre se aprende algo.

Ahora siento que estoy en deuda con estos lugares y no veo el momento de ir nuevamente para recorrerlos y conocerlos como debe ser.  Aquí les comparto un poco de cómo nos fue.

Mucho frío

Como les había contado en el post anterior en Huayllay no faltan los hospedajes, elegimos uno en la plaza y salimos rápidamente a buscar trucha frita guiados por el olfato. La idea era comer, descansar un poco e ir a la plaza para celebrar fiestas patrias con todo el pueblo.

La noche estaba demasiado fría, pero la gente se veía muy alegre. Los niños jugaban y correteaban mientras los adultos conversaban o cantaban las canciones que entonaba la orquesta. Para ellos el frío no era problema.

El restaurante estaba lleno de gente y mientras esperábamos las truchas se fue quedando vacío. Ahora sin gente hacía más frío, un buen ejemplo de lo que significa calor humano. Llegaron nuestras truchas y no duraron ni 10 minutos en el plato por el hambre que teníamos. Para cuando terminamos de comer el frío era tanto que la puerta de vidrio del restaurante tenía gotitas de agua por la condensación del vapor, así como en las refrigeradoras de gaseosas y cervezas en los supermercados. No lo pensamos dos veces y preferimos entrar al hospedaje y no salir más. Nos perdimos la celebración.

Aunque estábamos cansados no pudimos dormir, dábamos vueltas en la cama y no conciliábamos el sueño. Ni idea de lo que nos estaba pasando. En la madrugada comprendimos que las 5 frazadas más la colcha de polar que teníamos encima eran demasiado. Quitamos 4 frazadas y nos quedamos dormidos.

Al día siguiente nos levantamos tarde. Yesy y Camila estaban como si nada, yo seguía cansado por la mala noche y para mi la combinación de mala noche y altura es igual a soroche multiplicado por dos. No tenía ánimos de recorrer el pueblo ni mucho menos el bosque de piedras. Con el malestar que llevaba encima lo máximo que camine fue hasta el auto que estaba a una cuadra del hotel. Felizmente la carretera que sale de Huyllay pasa entre las formaciones rocosas y pudimos ver algo del bosque, de lejitos, mientras salíamos del pueblo.

Bosque de piedras saliendo de Huayllay.

La foto es mala, pero desde la carretera las rocas realmente parecen un bosque.

Chinchaycocha

Dejamos el bosque de piedras atrás. El paisaje no era nada parecido al del día anterior, ahora teníamos un gran llano con uno que otro cerro solitario en el horizonte. Sabían que a estos cerros se les denomina oteros.

Otero.
 
La carretera que sale de Huayllay está asfaltada. Llegamos a un pequeño pueblo donde se dividía el camino. Según el GPS debíamos continuar por la izquierda para llegar a la Carretera Central, pero esta ruta no estaba asfaltada. Escogimos el de la derecha que estaba asfaltado y nos encontramos con muchos desvíos y a pesar que hay señales que indican por dónde ir nos perdimos, dimos un par de vueltas entre los pequeños pueblos y finalmente llegamos a Vicco, un pueblo con una plaza y una iglesia muy bonitas.

Vicco es la entrada desde el norte al lago Junín, también conocido como Chichaycocha que en quechua quiere decir Lago del gato andino, y en este lago es donde inicia el río Mantaro. Del pueblo sale una carretera que va por la orilla oeste y que luego se une con la Carretera Central en la ciudad de Junín, y como ambas nos llevaban al mismo lugar decidimos bordeando el lago como para conocerlo sin tener que bajar del auto.

Hasta allí llegó la teoría, en la práctica fue otro cantar. Para empezar solo el inicio del camino estaba asfaltado, después de pasar la plaza la carretera se convirtió en una camino afirmado, tierra plana con piedritas sueltas, estaba en buen estado y era divertido conducir sobre ella, pero no queríamos más trochas para este viaje. Sólo llegamos hasta San Pedro de Pari, ahí, a la orilla del Chichaycocha existe una iglesia que data de los primero años del 1600, fuimos un poco más allá y la carretera empezó a alejarse y elevarse de la orilla no podíamos ver completamente el lago, a la altura del poblado de Ondores (a unos 20 km de Pari) la carretera vuelve a estar en la orilla, pero ya no estábamos para trochas y dimos media vuelta. Dejamos el lago para otra ocasión.

Dicen que el lago lleva ese nombre porque en la zona habitan los gatos andinos (felis colocolo), no vimos ninguno, pero sí nos topamos con unos de flamencos que alegraron el paisaje.

Carretera oeste de la laguna de Junín.

Flamencos a más de 4,000 metros de altura.

Mandarinas y Windows

Nuevamente en Vicco salimos hacia la Carretera Central, aunque el nombre de carretera de los huecos donde entra la mitad de la llanta de un camión no le vendría mal porque desde que tomamos la carretera hasta Junín encontramos numerosos huecos donde verdaderamente la llanta de un camión podía entrar hasta la mitad, así que a conducir con cuidado. De todas formas no podíamos ir tan rápido, al auto lo sentía algo lento y pesado, además de sonoro; el golpe que le habíamos dado la noche anterior me estaba empezando a preocupar, aunque el sonido que hacía me estaba haciendo pensar en una posibilidad no tan pesimista.

No sabíamos cuánto nos faltaba para llegar a Tarma, por alguna razón el GPS no podía calcular la ruta,  ni la distancia. Al no saber cuanto nos faltaba por recorrer, era necesario ponerle combustible al auto, no lo habíamos llenado desde que salimos de Lima y no queríamos quedarnos parados sin gasolina en medio de la carretera. Pero era 28 de julio, y al parecer los grifos de la zona se tomaron muy en serio el feriado, mucho más porque cayó en domingo, pues ninguno estaba abierto.

Llegamos a la ciudad de Junín más rápido de lo que había imaginado. Entramos a la ciudad buscando grifos, pero encontramos el mercado y aprovechamos en comprar mandarinas, 3 kilos, teníamos mucha sed y nada como una dulce y jugosa mandarina para aplacarla.

Dimos algunas vueltas a la ciudad buscando la plaza y no la encontramos. Salimos hacia la carretera y antes de salir de la ciudad encontramos, al fin, un grifo abierto. Llenamos el tanque, y ahora más tranquilos, salimos hacia Tarma.

A partir de allí el camino fue en bajada, mucho más fácil. Pasamos por la pampa de Junín tratando de recordar lo que nos habían enseñado en el colegio. Al poco tiempo llegamos al desvió para Tarma. La carretera era de subida y estaba en construcción... qué mala suerte. Lentamente llegamos a la parte más alta de la carretera, el paisaje me hacía recordar algo... y claro, después de haber usado por más de 10 años Windowas XP, contemplar un paisaje como ese era como estar en el fondo de escritorio de ese sistema operativo.

Aquí se llevó a cabo la batalla de Junín.

Dentro de Windows XP camino  a Tarma.

Un poco de Tarma

El descenso a Tarma fue accidentado, mucho tráfico, polvo y baches ─espero terminen rápido de arreglar la carretera─. Cundo llegamos, Tarma nos recivió llena de vida, a diferencia de Junín que parecía una ciudad fantasma. Buscamos rápidamente la plaza y sin querer terminamos pasando por el mercado. Allí empecé a escuchar un sonido como de campanitas cada vez que paraba por el tráfico, ya podía adivinar qué era lo que se había roto en el carro. Llegamos a la plaza y encontramos un pequeño espacio para estacionar frente a un restaurante, eso fue perfecto. Bajamos del carro y vaya que estar 1,500 msnm menos hacen una gran diferencia. Tarma está a unos 3,000 msnm, pero para nosotros era como estar en la costa.

Como ya me imaginaba qué era lo que andaba mal con el auto me agaché a dar un vistazo y en efecto, el tubo de escape se había roto. Eso explicaba el ruido infernal que hacíamos al andar. Fuimos al restaurante a llenar el estómago y a matar la sed con una jarra de limonada heladita. Encontramos un hotel a una cuadra de la plaza, en el jirón 2 de mayo.

Aprovechamos el resto de la tarde para caminar por la plaza, había un escenario en medio de ella que me desanimó de tomar fotos. Regresamos al hotel por la noche y nos quedamos dormidos escuchando a Gustavo Cerati que cantaba desde el escenario de la plaza, quien quiera que haya sido en verdad que cantaba igualito.

Al día siguiente me dediqué a buscar un lugar para reparar el tubo de escape, era 29 de julio, seguíamos de feriado, pero tenía esperanzas de encontrar algún taller abierto. Después de recorrer casi toda la ciudad encontré un maestro soldador, pasé media mañana allí esperando que el maestro haga la magia y escuchando las recomendaciones que me hacía de a dónde ir y qué conocer en Tarma.

Con el escape del auto reparado regresé al hotel por Yesy y Camila, ahora tocaba tomar desayuno, aunque por la hora más nos convenía almorzar. Salimos en busca de un restaurante y casi frente al hotel encontramos uno que pasaba desapercibido, entramos con desconfianza a preguntar si ya había comida pues aún no era medio día y nos dijeron que sí.

El restaurante era sencillo, pero la experiencia fue de primera, la comida estuvo deliciosa y el personal se esmeró por atendernos bien, y todo a un buen precio. No es mi intención hacer publicidad, pero si desean ir pueden encontrar este restaurante a la mitad de la cuadra 6 del jirón 2 de mayo. Hace poco estuvimos nuevamente en Tarma (noviembre, 2016), es una pena; pero este restaurante ya no funciona.

Me permitieron sacar fotos del local.


El cocinero me pilló tomando fotos.

Guíame Señor de Muruhuay

Muchas veces he visto esa frase ya sea como sticker en los micros o pintada en la parte trasera de los camiones, y ahora estando tan cerca no podía desperdiciar la oportunidad de conocer a quien muchos conductores se encomiendan. Luego de la suculenta comida, salimos hacia Acobamba, donde se encuentra el Santuario al Señor de Muruhuay.

Llegar a Acobamba fue fácil, está a pocos kilómetros de Tarma, por la carretera que va hacia la selva. Pero el Señor de Muruhuay no me guió hasta su santuario, sino el GPS, que, por cierto, aquí si quiso funcionar llevándonos por la ruta más corta y a la vez más empinada y escabrosa que existe para el santuario. Llegamos rápidamente, fue una subida difícil y directa.

El Señor de Muruhuay es la imagen de Cristo pintada sobre una roca y la historia de este lugar va más o menos así: Hace mucho tiempo una epidemia de viruela atacó la zona y se estableció un albergue para los enfermos, de allí que Muruhuay quiere decir casa de la viruela en quechua. Luego en una de las rocas rojizas en la quebrada de la Tranca apareció una mancha en forma de cruz sobre la cual pintaron la imagen de Cristo.

En verdad que el santuario es impresionante esta construido como saliendo de la roca; pero yo esperaba otro diseño, no es que esté mal, sino que me lo imaginaba con un diseño más antiguo, como las típicas iglesias de la sierra. No entramos porque había mucha gente, así que también queda pendiente para otra visita; pero Camila si aprovecho para subirse una llama.


El regreso y el otro lado de Ticlio

Solo llegamos hasta Muruhuay, al día siguiente teníamos que trabajar y la hora era adecuada para regresar y llegar a Lima temprano. La selva central sigue siendo esquiva para nosotros.

Mientras estábamos en el santuario vimos por dónde subían las combis con turistas, por ahí debíamos bajar, el camino es largo comparándolo por el que subimos. Pasamos Acobamba, pasamos Tarma y llegamos a la carretera en construcción sólo que ahora de subida.

Ya en la carretera Central todo fue cuesta abajo. Rápidamente llegamos a la Oroya; pero no podemos decir lo mismo del resto del camino. Nos encontramos con el tráfico que tanto quería evitar y que fue la razón para tomar la carretera que va por Canta como ruta alterna. En una larga columna avanzábamos lentamente detrás de los buses y camiones. Todos estaban apurados, todos querían adelantar. Alguien me adelantaba, más allá yo lo adelantaba y luego me volvía a adelantar, y así todos se adelantaban, algunos más apurados e imprudentes que otros, por eso prefiero evitar ese tipo de tráfico. Salimos de Acobamba a las dos de la tarde, llegamos a Ticlio a las cinco. No sé si tres horas es el tiempo oficial para ese trayecto, pero el tráfico lo hizo interminable y aburrido.

En Ticlio paramos para estirar las piernas y tomarnos fotos, de paso presentarle la nieve a Camila. Entramos por el camino de tierra que se dirige por la laguna hacia el nevado. Todos estaban tomándose fotos allí. Camila estaba emocionada por conocer la nieve. Nos tomamos las fotos de rigor, y subimos al auto para regresar a la carretera; pero, como siempre, mi curiosidad pudo más y terminamos siguiendo ese camino hacía el otro lado de la montaña, valió la pena, el paisaje era mejor.

Llegando a Ticlio.

Camila con un trozo de hielo. Lo trajo como recuerdo, pero se derritió.

Al otro lado de la montaña la vista es mejor.

Nevado Anticona.

A partir de Ticlio el camino fue más que aburrido. Paramos en San Mateo para comer y allí llegó la noche, con ella perdimos la noción del tiempo y ya ni recuerdo a qué hora llegamos a Lima. El resto del viaje sólo nos acompañó la música que había puesto y Camila que, muy preocupada, de rato en rato nos decía que tengamos cuidado con el lobo porque sale de noche y vivía en esas montañas.


Esta aventura inició aquí.

Puedes ver más fotos en el álbum de Facebook.



Mapa: este mapa es de la ruta que seguimos de Huayllay hasta Tarma.

Por: Jorge David Cachay Salcedo
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8 de octubre de 2013

Cruzando la Cordillera de la Viuda: un viaje lleno de paisajes y con un final de película


Para el feriado de fiestas patrias queríamos ir a la selva central, nunca hemos estado por ahí; pero teniendo en cuenta que sería feriado y que es uno de los lugares cercanos que se suele visitar, el tráfico que llenaría la carretera Central nos desanimaba, además que viajar por carretera con tráfico me parece muy peligroso, todos van apurados y a nosotros nos gusta ir a nuestro ritmo, disfrutando el paisaje.

Entonces recordé que existe una ruta alterna: cruzando la Cordillera de la Viuda. No parecía difícil, sólo había que ir hasta Canta, luego subir a la cordillera de la Viuda, seguir hasta Huayllay y finalmente llegar a la carretera Central unos kilómetros antes de Cerro de Pasco. Además había escuchado que los paisajes de esa ruta son espectaculares, que hay un sin fin de lagunas y que atraviesa el bosque de piedras de Huayllay en donde existen formaciones rocosas asombrosas. Desde allí hasta Tarma y la selva central no hay mucha distancia.

Como el año pasado habían iniciado las obras de construcción de esta carretera (Lima - Canta - Pasco) supuse que iríamos por una buena pista, por lo menos hasta Canta. Pero todo quedó en suposición porque la carretera aún no la terminan, y lo que iniciaría como un viaje hacia la selva central terminaría como una odisea con persecución incluida, atravesando la puna de noche y a más de 4,500 msnm.

Iniciamos el viaje el viernes a las 6 de la tarde. Mala idea si la intención es evitar el tráfico, pero bueno, era el trafico usual de la ciudad, ese que nos encontramos siempre al regresar del trabajo. Salimos a esa hora porque queríamos llegar a dormir en Canta y al día siguiente salir temprano para subir a la cordillera. Nos tomó dos horas completar los 30 km que hay desde Miraflores hasta el final de la Av. Túpac Amaru y dos horas más para hacer los 80 km que hay desde allí hasta Canta ─lo que hace el tráfico ¿no? 

La "nueva" carretera a Canta

Ir a Canta siempre fue una tortura porque casi la mitad de la carretera estaba en mal estado y la peor parte era el tramo que va desde el final de la Av. Túpac Amaru hasta la zona de Trapiche donde era fácil caer en huecos más grandes que las llantas. Por eso la construcción de la carretera Lima-Canta es una gran noticia, no sólo porque podremos llegar a Canta en menos tiempo y sin terminar como hamburguesas; sino también porque la carretera llegaría hasta a Huayllay en donde ya existe un tramo asfaltado que lo une con la carretera Central. Esto permitiría ir de Lima a Cerro de Pasco en unas 5 horas, por una carretera de poco más de 200 km, lo que la haría la mejor alternativa para todos los que van a Pasco, Huánuco y más allá.

Calculé que en un año de trabajo la carretera estaría casi terminada, por lo menos hasta Canta, pero me equivoqué. O trabajan muy lento, o construir una carretera demanda más tiempo del que imaginé, no lo sé; lo que sí puedo asegurar es que, a pesar que aún están trabajando en el afirmado está mejor que antes y pudimos llegar a Canta en 2 horas en vez de las 3 ó 4 que antes nos tomaba llegar (haciendo la medición desde el final de la Av. Túpac Amaru).

Como a las 8 de la noche llegamos al final de la Av. Tupac Aamru y dejamos el tráfico atrás. A partir de allí sólo nos acompañó una densa niebla y algo de llovizna. Nos cruzamos con un par de autos que venían y nos adelantaron tres, mucho menos tráfico del que esperaba. En realidad era la primera vez que transitaba por esta carretera de noche y vaya que se siente la soledad a pesar de los pueblos que hay en el camino. Todos lucían fantasmales, ni un alma, ni una luz encendida en las casas, sólo la de luz naranja de los postes que se difuminaba en la niebla.

Pasando Quives encontramos el campamento de los que construyen la carretera. Las excavadoras y volquetes estacionados hacían una larga fila, parecían abandonados, nadie los cuidaba. Después de pasar el campamento sólo nos acompañó la luna y a pesar de ella todo era oscuridad, las luces del auto intentaban iluminar el negro del paisaje, pero no lo conseguían. Fue sumamente extraño porque las luces que tengo instaladas suelen iluminar muy bien (son 4 luces HID), pero en esta ocasión era como ir alumbrando con una linterna ¿alguien conoce alguna leyenda o historia de miedo de esta carretera?

Sólo la luna nos acompañó luego de pasar por Quives.

A Canta llegamos como a las 10 de la noche, como existe gran oferta de hospedajes no fue difícil encontrar uno limpio y acogedor.

Subiendo a la cordillera

Nos levantamos temprano, el cielo estaba azul, el sol calentaba y prometía ser un bonito día. Tomamos desayuno y mate de coca bien cargado. Como a las 9 de la mañana ya estábamos listos para partir, aún se podía ver la luna en el cielo y aproveché para tomarle una foto. En la plaza preguntamos a un poblador a cuánto tiempo estaba Huayllay, "a 3 horas, pero en tu autito lo harás en 4" ─nos dijo─, supuse que lo haríamos en 5 horas pues siempre paramos para tomar fotos, no estaría mal llegar a las 2 de la tarde, justo para almorzar, nos despedimos y emprendimos el viaje.

La luna sobre la iglesia de Canta.

La carretera es afirmada, está en buen estado, mejor que muchas de las pistas de Lima. Ni bien salimos de Canta ésta empieza a subir y a pocos kilómetros ya estábamos a más de 3,300 msnm. La calidad del afirmado te permite ir rápido, pero el camino es sinuoso y con un abismo de más de 400 metros al lado. Considero que ir a más de 50 km/h sería imprudente, además a esa velocidad y manteniendo el ritmo quizá se podría llegar en dos horas hasta Huayllay.

La carretera está en buen estado, pero no hay que retar al abismo.

En algunos tramos el camino es ancho, de todas formas hay que ir con precaución.

A la altura del pueblo de Huaros la carretera vuelve a estar a la altura del río por lo que no hay abismos y sigue así, sin subir mucho, hasta otro pueblito llamado Cullhuay. La crianza de truchas es la actividad principal de ambos pueblos, si les provoca una trucha frita pueden parar en las piscigranjas y allí mismo se las preparan. Huaros está en un cerro frente a la carretera, para llegar hay que tomar un desvío a 19 km de Canta, cruzar un puente y volver a subir. Cullhay, en cambio, está en la misma carretera, junto al río a unos 22 km de Canta. A partir de este pueblo nuevamente comienza la subida y poco a poco se va divisando la cordillera nevada. Hay muchas cascadas en el camino y el paisaje va cambiando conforme se gana altura.


Casa en Cullhuay.

El poder del agua.


Faltaba poco para llegar a la cordillera.

Encontramos muchas cascadas en el camino.

Camila tomando sus primeras fotos.

A los 40 km ya estábamos en la laguna de Chuchón, al pie del nevado La Viuda, a unos 4,400 msnm y casi a la mitad del camino hasta Huayllay. El viento era helado, pero el sol permitía soportarlo sin abrigarse. Luego encontramos la laguna de 8 colores, un par de lagunas pequeñas y finalmente la laguna de Calancayo donde la carretera alcanza su primer punto más alto: 4,690 msnm y pasamos al otro lado de la cordillera. Aquí el clima cambió súbitamente, estaba todo nublado como si la cordillera interrumpiera el paso de las nubes al otro lado de las montañas donde sí brillaba el sol. Luego llegamos a una bifurcación con un letrero que señalaba a la izquierda Huayllay y a la derecha Yantac. Consulté la distancia en el GPS, Yantac estaba a sólo 4 km, mientras que para Huayllay faltaban algo de 55 km. Decidimos ir a Yantac, de paso que almorzábamos en el lugar.

Justo bajo la Viuda.

Un poco de hielo en el camino.

Laguna de Chuchón

Laguna de los 8 colores.

No esperaba encontrar flores a esta altura.

Patos silvestres.


A 4,400 msnm y la carretera sigue subiendo.

Según Google maps, laguna Calancayo, uno de los puntos más altos de la carretera, 4,690 msnm.

Yantac y Marcapomacocha:  el mate de coca sólo dura 5 horas

A diferencia de la carretera principal, el camino para Yantac está algo descuidado, pero el paisaje que te ofrece a cambio es sorprendente, uno viaja acompañado de ovejas, llamas y alpacas que pastan libres y apacibles en la pampa, además patos y gansos silvestres en las lagunas al pie de los nevados. Finalmente llegamos a Yantac. Éste es un pequeño pueblo a unos 4,630 msnm, casi todas sus casas son de color amarillo ocre, las calles son angostas, de tierra y el pasto crece en ellas, un bonito lugar dónde parece que el tiempo hace una pausa para contemplar el paisaje. Hacía frío y sólo dos personas estaban sentadas en la plaza. 

La otra cara de la Viuda, aquí si tiene nieve.

Paz y tranquilidad.

Contemplar esto no tiene precio.

Laguna Chacran, según Google maps.

Entrada a Yantac.

Iglesia de Yantac.

Bajé del auto para conversar con ellos. Fueron muy amables. Entre muchas cosas me contaron que el pueblo estaba vacío porque todos estaban en la exhibición de ganado de Marcapomacocha. Les pregunté si había donde comer y me mostraron una casita frente a la iglesia; pero me recomendaron ir a ver la exhibición donde también habría una feria de comida. Partimos rumbo a Marcapomacocha, y nos despidieron muy contentos de que hayamos llegado por ahí ya que pocas veces llega gente y nos pidieron que volvamos pronto.

Plaza de Yantac.


De Yantac a Marcapomacocha hay unos 13 km y desde el camino es posible ver la cima del Rajuntay con sus 5,475 msnm y a unos 33 km de Yantac. Hay muchas lagunas y hasta aquí ya habíamos perdimos la cuenta de cuántas habíamos visto, la que no pasó desapercibida fue la gran laguna de Marcapomacocha, ésta es la que abastece de agua a la ciudad de Lima.

De pronto el clima se puso más frio y con mucho viento, al fondo se veía una densa niebla que venía hacia nosotros, a los 5 minutos nos alcanzó y comprobamos que no era niebla sino una ligera tormenta de nieve, temía porque el camino se ponga resbaloso, pero la ventisca paso pronto y pudimos avanzara con seguridad.

El Rajuntay desde la laguna de Yantac.

Una llama curiosa.

Gansos silvestres.

Estos cactus se protegen muy bien del frío.


A lo lejos parecía niebla, pero resultó ser una tormenta de nieve.

Llegamos a Marcapomacocha, el pueblo está a 4,420 msnm. A la entrada hay un hotel con un moderno diseño que contrasta con la arquitectura y el paisaje del lugar. Este hotel tiene unos ventanales enormes orientados hacia el norte con vista a la laguna Marcapomacocha y al nevado Mishipiñahui (5,210 msnm), debe ser hermoso ver el amanecer desde las habitaciones y observar como el sol va saliendo de entre las montañas y va iluminando de a pocos la laguna y el nevado.

Entrada a Marcapomacocha, vista desde el hotel.

El pueblo también estaba vacío, excepto por unos niños que nos indicaron dónde estaba la exhibición de ganado. Allí se encontraban todos los pobladores. Nos abrigamos bien y salimos a buscar comida y a ver la feria. Eran muy bonitos los animales y estaban bien cuidados, los ganaderos habían llevado lo mejor que tenían, y con el hambre que llevábamos todas las oveja lucían apetitosas.

Estuvimos un rato recorriendo el sitio, Camila quería tomarse fotos con las llamas, pero por nada quería acercarse a la ovejas. De repente empezó a nevar otra vez, la temperatura descendió, al igual que nuestro ánimo y regresamos al auto en busca de calor. Nos repusimos del frío, pero no de la tristeza porque en medio de ese frío, habían muchos niños que sólo vestían un pantalón de buzo o polar, una chompa delgada y zapatos como de colegio y así ellos soportaban el frío y a pesar de eso no perdían la sonrisa.

Camila miraba con desconfianza a una ovejita que se acercaba.

Y esta llama miraba con desconfianza a Yesy.

Como en la feria no había nada para comer fuimos a recorrer el pueblo dentro del auto para no enfriarnos. Este es un poco más grande que Yantac y más desarrollado, las calles son de cemento y tienen veredas, y al igual que Yantac es muy limpio. La plaza tiene su encanto, ahí están la iglesia y el municipio, este último, al igual que el hotel, tampoco combina con el resto del pueblo. En la plaza hay un comedor donde tampoco tenían comida.


La mayoría de casas no tienen las paredes pintadas.

Iglesia de Marcapomacocha.

De repente empezamos a sentir el malestar del soroche. Quizá fue el frío, quizá el cansancio, pero lo cierto fue que el efecto del mate de coca se había agotando. Nos acordamos del hotel y creímos que no sería mala idea quedarnos allí hasta el día siguiente, así podríamos contemplar el amanecer que me estaba imaginando.

Llegamos al hotel y lo primero que hicimos fue preguntar por comida, una señora poco amistosa nos dijo que no había comida hasta las 7 de la noche y cerró la puerta, quiero pensar que fue para que no entre el frío. Un huésped que caminaba por ahí me dijo que la recepción estaba en el segundo piso, subí y llegué agitado como si hubiera corrido una maratón. Ni pensar que una hora antes estuve corriendo por los cerros, la pampa y las lagunas para tomar fotos sin apenas agitarme, vaya poder que tiene un humilde mate de coca, gracias a él no se siente nada, ni la altura, ni el frío, ni el cansancio; pero cuando pasa el efecto el soroche nos llega de golpe.

Después de mi maratón de 22 escalones llegué a la recepción y estaba vacía. Nadie quien pudiera darme información. Esperé, me congelé y me cansé de esperar. Regresé al auto para no enfriarme más y creímos conveniente regresar a Yantac para luego continuar hasta Huayllay.

Esta águila nos despidió de Marcapomacocha.

De regresamos el cielo empezó a despejarse. Lo rayos del sol tímidamente atravesaban las nubes y nos calentaron un poco. No nos sentíamos nada bien, estábamos cansados, con dolor de cabeza y náuseas, ya ni hambre teníamos. A las justas llegamos a Yantac y nos estacionamos en la plaza por el lado donde caía el sol para mantenernos abrigados. Nos quedamos dormidos de inmediato y luego de una hora despertamos aún con náuseas y sin ganas de comer, pero con algo de energía. Ya no hacía tanto frío y aún nos quedaba como hora y media de luz que aprovecharía para llegar a Huayllay.

Cruzando la puna a oscuras: porque no sólo pasa en las películas

De Yantac hasta Huayllay hay algo de 55 km, calculé que llegaríamos poco después de que oscurezca, hora perfecta para comer e irse a dormir de lo cansados que estábamos. No me preocupaba conducir de noche, pero sí perderme los paisajes, así que salimos tratando de ganarle al sol. Al partir nos despedimos de algunos pobladores que estaban en la plaza, quizá hubiera sido mejor pasar la noche allí, ellos habrían estado gustosos de recibirnos en sus casas; pero recuerden que estábamos a unos 4,600 msnm y bajar unos cientos de metros no nos caían nada mal para sentirnos mejor.

Saliendo de Yantac hay una bifurcación, ambos caminos salen a la carretera principal (Canta - Huayllay), en el pueblo ya nos habían explicado: ir por la izquierda era desandar 4 km hasta la carretera principal. Ir por la derecha era encontrarse con la carretera principal unos kilómetros más adelante lo que nos convenía para no dar tanta vuelta. El problema es que el camino de la derecha no aparecía en el GPS y me hizo dudar; sin embargo retroceder esos 4 kms del camino de la izquierda se me hacían eternos, así que haciendo caso a lo que nos habían explicado seguimos por la derecha.

Y vaya que fue ventajoso tomar ese camino porque después de un rato pudimos ver a lo lejos cómo serpenteaba la carretera principal, mientras que por donde íbamos era casi recto, al final sí nos ahorramos unos cuantos kilómetros. El inconveniente fue que en el trayecto hay muchos desvíos sin señalización, y como el GPS no mostraba ninguno de ellos tuve que valerme de la intuición para llegar a la carretera principal. El paisaje se repetía, pero no aburría: lagunas con patos y gansos, ovejas, llamas y alpacas pasteando, y los colores del atardecer que hacían del lugar algo único. Ya no sentía los efectos del soroche lo que era bueno porque con poca luz tenía que estar más atento al camino.

Laguna Patahuay, nuevamente, según Google maps.


El atardecer hacía único al paisaje.


Y nos cayó a noche encima.

Ya en la carretera principal pudimos ir más rápido porque está en mejor estado y no teníamos el inconveniente de los abismos pues todo es pampa con algunas subidas y bajadas no muy pronunciadas. En realidad desde que cruzamos la cordillera nos mantuvimos a un promedio de 4,500 msnm.

De la carretera principal también se desprenden muchos desvíos, la diferencia es que aquí si hay señales que te indican el camino a seguir. Todos estos desvíos van hacia las minas y otro pueblos. Encontramos un poco de tráfico, camiones y camionetas de las minas y pese a mis cálculos nos cayó la noche en medio de la puna y junto con la noche llegamos a un punto donde parecía que habían dinamitado el camino. Huecos enormes y algunas piedras nos forzaron a ir lento y por si eso no fuera suficiente empezó a nevar otra vez ─vaya ruta, eh.

Aquí se terminó lo bonito del camino, la realidad es peor de lo que se ve.

Avanzábamos lentamente esquivando huecos y piedras y a pesar de eso le dimos el alcance a dos volquetes que levantaban tanto polvo que no dejaban ver nada. En un lugar dónde la carretera era más ancha los volquetes me dieron el paso. Unos kilómetros más adelante el camino mejoró y aceleramos, aún había huecos, eran como ondulaciones en la carretera, fáciles de esquivar. De pronto… el auto dio un salto y ¡pum! ¡crank!

Habíamos pasado sobre uno de esos huecos, no era muy hondo, pero por la velocidad a la que íbamos al salir de él rebotamos más de la cuenta y caímos justo en otro hueco que sí era hondo y golpeamos la parte delantera del chasis y nos detuvimos de golpe. Al volver a acelerar el carro sonaba diferente y hacía mucho ruido. No bajé a revisar porque ¿qué podía hacer en medio de la nada y con tanto frío? El auto seguía encendido y funcionando, eso era lo importante, así que rompiendo la tranquilidad de la noche con el ahora ruidoso auto seguimos nuestro camino. Ya luego, en Tarma, me daría cuenta qué fue lo que se había roto.

Felizmente sólo son unos cuantos kilómetros donde la carretera está en mal estado, luego pudimos continuar a buen ritmo y haciendo mucho ruido. De pronto, a lo lejos divisamos las luces de Huayllay, sabía que era Huayllay porque en el camino vimos muchos letreros que iban indicando la distancia que faltaba para llegar. Unos kilómetros antes para llegar al pueblo comienza un vertiginoso descenso y aquí es donde pasamos el mometno más emocionante y terrorífico a la vez de este viaje.

Nosotros íbamos a unos 40 km/h, suficiente para bajar por la carretera angosta y sinuosa, de repente por el retrovisor veo unas luces que se iban acercando muy rápido. Era un bus, no hizo juego de luces ni toco la bocina, simplemente se acerco demasiado a nosotros. Sus intenciones eran claras, quería pasarnos. No tenía problema en que me pase, el problema era que no había espacio para darle pase y cada vez se pegaba más a nosotros, como quien te va empujando. Traté de despegarme del bus; pero cada vez que aceleraba para alejarme, el bus también lo hacía y en cuestión de segundos volvía a estar justo detrás de nosotros. Aprovechaba las curvas para sacarle ventaja y no tardaba mucho en darnos el alcance, tanto se acercaba que llegó a estar a menos de 2 metros del auto y ni pensar en frenar para obligarlo a bajar la velocidad, con la poca distancia que nos separaba hubiera sido fatal para nosotros. En una de las pocas rectas alcanzamos los 80 km/h, lo que era demasiado para mí en una carretera como esa, hasta que pude divisar un espacio donde la carretera era lo suficientemente ancha como para darle pase, llegué a ese lugar y le di pase, sólo que tuve que frenar de golpe para no darme contra el cerro. Fue como estar en la película Duel (El diablo sobre ruedas);El conductor de ese bus o estaba muy apurado o era loco. Definitivamente una actitud muy imprudente y abusiva la de ese conductor.


Luego del susto llegamos a Huayllay, el ambiente era de fiesta y en el aire se sentía un olor a trucha frita. Había mucha gente en la calle, todos se dirigían a la plaza para recibir el 28 de julio con orquesta y fuegos artificiales. Fue fácil encontrar hospedaje, hay varios, elegimos uno en la misma plaza, ésta es peatonal y tuvimos que dejar el auto a una cuadra. El lugar está a unos 4,300 msnm y a pesar que no hay mucha diferencia de altura con Yantac o Marcapomacocha nos sentíamos mejor, lo suficiente como para querer participar de la celebración en la plaza. Dejamos las cosas en el hotel, nos abrigamos y fuimos a comer una deliciosa trucha.


Esta aventura continua aquí.

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Prepárate para el viaje


Distancias: todas son aproximadas.
  • Total recorrido desde Canta - Yantac - Marcapomacocha - Yantac - Huayllay: 130 km 
  • De Canta a Huayllay 105 km.
  • De Canta a Yantac: 50 km.
  • De Yantac a Marcapomacocha: 13 km.
  • De Yantac a Huayllay 55 km.

Carretera: 
  • De Canta a Huayllay: afirmada, en buen estado, con unos pocos kilómetros en mal estado.
  • Del desvío para Yantac y Marcapomacocha: afirmada en regular estado.
  • La ruta paralela que tome de Yantac hacia Huayllay: afirmada en regular estado.

Grifos: después de Canta no vi ninguno en toda la ruta, es mejor salir con el tanque lleno desde Lima.

Dónde comer:
  • En el camino pueden para en las piscigranjas Huaros y Cullhuay y comer una trucha frita recién sacada del agua. 
  • En Yantac hay una casa en la plaza donde pueden encontrar comida. 
  • En Marcapomacocha existe un comedor en la plaza y el restaurante del hotel. 
  • Si piensas pasar mucho tiempo recorriendo la puna, es mejor que lleves algo de comer.

Dónde quedarse: en Canta y Huayllay hay muchos hospedajes. En Marcapomacocha está el hotel a S/. 25 por noche.

Sugerencias: 
  • Llevar provisiones de hojas o mate de coca, a diferencia de pasar por Ticlio donde subes y vuelves a bajar, aquí el 80% del camino la pasarás a más de 4,000 m de altura.
  • Llevar mucho abrigo, hace demasiado frío y el clima cambia constantemente. En menos de dos horas pasamos de un día soleado a una tormenta de nieve.
  • Tener cuidado con los cortes de camino. Entre Cullhuay y la laguna de Calancayo hay como 4 o 5 de estos y no les recomiendo pasar, a menos que vayan en una 4x4 y tengan experiencia en subidas pronunciadas con camino en mal estado.

Mapa: He marcado la ruta a partir de Canta (no creo que exista complicaciones para llegar hasta allá). A partir de Cullhuay (punto amarillo) la ruta que dibuja Google no se ciñe al camino real por lo que sólo es referencial. Saliendo de Yantac existen muchos desvíos, sigan siempre el camino más ancho y que mejor afirmado tiene, esa es la carretera principal.


Por: Jorge David Cachay Salcedo
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