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30 de mayo de 2017

Cuando sin planearlo descubres la selva central


Es en ocasiones como esta cuando se nota la diferencia entre viajar como turista para conocer algo específico y viajar recorriendo la carretera libremente simplemente por el placer de viajar preguntándose qué cosas nuevas encontraré en la siguiente curva. Y eso fue lo que nos pasó en esta ocasión.

Confieso que nuestro recorrido inició como un viaje turístico porque íbamos con nuestros amigos y debía ser cuidadoso pues no sabía que tanto les podría gustar la aventura; así que planifique bien la ruta y los lugares para conocer, nada de desviarse por ningún camino desconocido como suele pasar cuando la curiosidad me gana. Y la mitad del viaje fue así hasta que nos agarró el soroche y tuvimos que cambiar los planes y huir de la altura sin completar nuestro riguroso itinerario turístico. Al menos, a pesar del mal de altura, esta vez sí llegamos a recorrer parte del bosque de piedras de Huayllay

Rogger y Varinhia, nuestros compañeros de viaje, querían regresar a Lima; pero de algún modo los convencí para ir a tierras más bajas y menos frías y ver qué podíamos conocer por ahí ya que todavía nos quedaban dos días libres. Fue así como llegamos a Tarma y mientras disfrutábamos un suculento y reparador almuerzo en un restaurante frente a la plaza nos pusimos a pensar a dónde ir.

Se nos ocurrió recorrer la selva central, todos los lugares que pudiéramos mientras nos alcanzara el tiempo. Buscamos en el mapa los nombres de todas esas ciudades y pueblos de los que siempre escuchamos: La Merced, San Ramón, Pozuzo, Satipo, Villa Rica, Chanchamayo, Pichanaki y que; sin embargo, ninguno conocía. Rogger nos contó que ya había estado por esas tierras; pero como había ido de muy niño ya no se acordaba de nada así que era como que recién iba a conocer. Además con la caja de cambios del auto comportándose como ya les había contado aquí, descartamos las opciones que tenían que ver que con ciudades de sierra y altura.

Cuando vimos la ruta en el mapa aprendimos algo más sobre la geografía de nuestro Perú. Chanchamayo no es ni una ciudad ni un pueblo, es el nombre de la provincia y distrito, cuya capital es La Merced; Pichanaki y Satipo también forman parte de la selva central, pero están por otras latitudes; Villa Rica está camino a Oxapampa, pero por una ruta alterna y por último, Pozuzo estaba demasiado lejos y el tiempo no nos alcanzaría para llegar hasta allá. Entonces nuestro recorrido se limitaría a San Ramón, La Merced y Oxapampa y lo que podrías conocer en medio de estas ciudades. Así que ahora paso a contarles sobre la ruta y cómo nos fue.

Pan de Azúcar

Al día siguiente, mientras la ciudad terminaba de despertar, salimos a descubrir la selva central. Yésica estaba más que emocionada y curiosa, nunca antes había estado en la selva y quería entender el porqué a mí me encanta la selva. Por mi parte estaba ansioso de recorrer esta zona porque hacía tiempo que quería sacarla de mi lista de lugares que me faltan conocer del Perú. Camila ni qué decir, ella siempre está feliz de viajar y conocer. Por su lado, Varinhia y Rogger, también estaban contentos aunque algo preocupados por un pronostico de lluvia que mostraba una aplicación del celular.

Después de algunos kilómetros en bajada y muchas curvas el paisaje cambia totalmente. Atrás dejamos la rala vegetación serrana para entrar a un paisaje montañoso con verdes y exuberantes bosques. 

Atrás dejamos los paisajes de tonos amarillos de la sierra por este verde intenso de ceja de selva.

Atrás también dejamos los 3,000 metros de altura y el friecito matutino de Tarma por un clima caluroso y pleno en oxígeno que nuestros pulmones agradecían, estábamos ya al rededor de los 1,500 metros de altura.

Al carro también le hizo bien el oxígeno extra en el aire, la caja de cambios ya empezaba a comportarse de una manera  decente o quizá era porque la carretera iba de bajada, no lo sabríamos hasta después cuando empezamos a subir a Oxapampa. Como sea, fue en estas latitudes en las que viajar sin apuro y sin plan específico nos trajo nuestras primera sorpresa. Hicimos nuestra primera parada, en un lugar llamado Pan de Azúcar.

Considero que este es un punto de parada obligatoria en la carretera pues a parte de estirar las piernas pueden disfrutar del paisaje desde un mirador y dos caídas de agua. El mirador está en un pequeño cerro al costado del puente. Intentamos subir, pero a medio camino nos regresamos pues éste es muy angosto y empinado.

Al otro lado del puente hay una linda cascada que cae por una quebrada. También hay un camino que sube a la parte alta, éste es más fácil de transitar y va por entre la vegetación, Camila se sentía como Mowgli en medio de la vegetación y mirando detenidamente cada insecto que se cruzaba por ahí. Sobre la cascada encontramos un pequeño puente colgante que cruza la quebrada, el camino continua, pero nosotros preferimos quedarnos un rato allí disfrutando del sonido que producía el agua al golpear las rocas.

Luego nos pusimos a buscar el Velo de novia, la otra caída de agua, y por más que hay muchos letreros que indican su ubicación nunca la pudimos hallar. No es que los letreros estén mal, si no que estábamos al final de la época sin lluvias y pues ni modo, no caía agua. Pero esta cascada debe ser lo mejor del lugar porque cuando cae el agua se forma un túnel entre la caída de agua y la montaña.

Cascada en la quebrada.


Puente sobre la cascada en la quebrada.


Sin saber pasamos varias veces por dentro del Velo de novia. Cuando hay agua, ésta cae por el lado izquierdo, entonces tendríamos un interesante túnel formado por el agua que cae y la montaña.

Puente Pan de Azúcar, cuando el Velo de novia está activo, lo que se vería es agua cayendo frente a ti como una ducha.

Varinhia y Rogger, nuestros compañeros en esta aventura.

En esta ocasión tuvimos mala suerte, espero que la próxima que pasemos por allí sí podamos disfrutar del Velo de novia. Y una recomendación para cuando paren en este lugar, a unos 20 metros pasando el puente hay un amplio estacionamiento a la derecha de la carretera.

Cascada del Tirol

Continuamos en la ruta hacia nuestro próximo destino y mientras los kilómetros para llegar a San Ramón iban disminuyendo de uno en uno, la temperatura iba subiendo de dos en dos grados.

Para suerte nuestra, en plena carretera, encontramos algunas tiendas de frutas y bebidas que se convirtieron, a pesar de estar rodeados de vegetación, en nuestro oasis donde aplacamos el calor con una refrescante agüita de coco heladita.

Yo quiero tomar agüita de coco... estoy de sed... 


Llegando a San Ramón nos pasó algo paradójico. Por andar atentos de cuál sería la entrada al pueblo, nos pasamos de largo y nunca pudimos ingresar; lo que en parte fue bueno pues al seguir de largo por la carretera cruzamos un puente y vimos un letrero que decía: Catarata del Tirol 5 km y nos desviamos hacía allá.

Nos desviamos para no perder la costumbre de salir de la ruta a curiosear y porque creíamos que era una caída de agua al costado del camino como las del puente Pan de Azúcar. La sorpresa vino luego cuando llegamos a un punto donde teníamos que estacionar para seguir a pie por un sendero de más o menos 2 km en medio de la selva y con ese tremendo calor. Felizmente hacía poco que Camila había tenido su primera caminata así que ya estaba preparada para recorrer este sendero.

El inicio de la caminata fue penoso tanto por la ligera subida como también por el calor; pero a medida que íbamos adentrándonos en la vegetación, ésta nos proveía sombra y frescura además que había tantas cosas para ver que luego de un rato nos olvidamos del calor, la distancia y el cansancio.

Rama con hojas rojas.

Encontramos un sin fin de mariposas de diferentes colores. Había una enorme de color azul tornasolado que nunca pude fotografiar.

Hoja espinosa. 

Pequeñas cascadas.


Exuberante selva.

El camino hacia la catarata del Tirol.


Hace siglos que no veía una de estas flores en color blanco.
 
Los musgos que crecían en las rocas parecían selvas en miniatura.


Además de las mariposas hay un montón de insectos para fotografiar; pero con tanta gente caminando y haciendo ruido por ahí es muy complicado.

Y al fin, luego de casi una hora caminando llegamos a la catarata del Tirol.


Cuando llegamos a la catarata encontramos más gente de lo que habíamos imaginado. El ambiente era alegre, todos gozando de las frías aguas que caen con gran potencia. Muchos iban justo bajo la misma catarata, que cae de más de 30 metros de altura, para tomarse una foto. Cuando llegó mi turno no aguante mucho, desde esa altura el agua duele.

El baño con agua fría nos quitó el cansancio y nos abrió el apetito. La caminata de regreso la hicimos en menos tiempo y hasta sentimos que la distancia fue más corta. Quizá porque la gravedad estaba a nuestro favor o quizá porque ahora urgía aplacar el hambre más que el calor.

La Merced

Saliendo del desvío hacia el Tirol continuamos nuestro recorrido por la carretera sin perder la esperanza de encontrar el ingreso a San Ramón para almorzar. Sin embargo, terminamos saliendo de la pequeña urbe sin darnos cuenta y así también sin darnos cuenta, a los pocos kilómetros, llegamos a La Merced. Aquí la carretera pasa por un costado de la ciudad, del mismo modo que en San Ramón; así que esta vez mejor preguntamos cómo llegar a la plaza para no terminar pasando de largo.

La Merced es la capital del distrito de Chanchamayo y de la provincia homónima. Es por ello que esta ciudad es la más desarrollada y bulliciosa que habíamos visto hasta el momento. Y mientras toda la gente andaba ocupada en sus quehaceres, nosotros solo buscábamos algo rico y típico para comer. Cerca de la plaza encontramos, supuestamente, la mejor opción.

A un costado de la iglesia, formados en una hilera, encontramos puestos con comida que se veía tentadora. Sin miedo a equivocarme sugerí para comer allí, en teoría esta comida siempre es la mejor; mas en esta ocasión, y con el perdón de la gente de Chanchamayo, no nos gustó tanto que digamos.

Permítanme explicarlo mejor, lo que comimos no tenía mal sabor, todo lo contrario; pero la textura no parecía la de comida fresca. Igual comimos todo, no quisimos ser inoportunos con la señora que con mucha amabilidad nos atendió, quizá ese sea el estilo de cocción de los alimentos del lugar.


Iglesia principal de La Merced.

Plaza de armas de La Merced.


Nos estaba agarrando la tentación de quedarnos a ver que más podíamos conocer en La Merced, además la aplicación del celular de Rogger seguía anunciando lluvia aunque las nubes se veían amistosas. Sin embargo nuestro viaje era de exploración y de aventura, y la lluvia es parte de ello. Así que luego de entrar a un par de tiendas a ver la variedad de rico café que se produce en la zona y dar una vuelta por la plaza principal y otra que está detrás de la iglesia, a eso de las 4 de la tarde, salimos rumbo a Oxapampa; con muchas expectativas por todo lo bueno que dicen de este lugar.

Oxapampa

Saliendo de La Merced la carretera es de curvas amplias y una ligera pendiente a favor que facilita avanzar por ella. Hasta allí el Citoën C4 en el que íbamos se estaba desenvolviendo bien y rápidamente llegamos al puente Paucartambo.

Es cruzando este puente donde la carretera se divide y tenemos dos rutas para llegar a Oxapampa. Por la izquierda la carretera va directo; mientras por la derecha primero llegas a Villa Rica. Esta última ruta es 15 km más larga, lo que es nada para todo lo que ya habíamos recorrido hasta allí. Lo que en realidad nos hizo desistir de conocer Villa Rica es que pasando esta ciudad la carretera a Oxapampa es afirmada y optamos por la ruta directa y totalmente asfaltada. 

Cruzar ese puente también significa pasar del departamento de Junín al de Pasco. Y mientras íbamos subiendo por la carretera pensaba en el giro que dio este viaje. Solo dos días atrás nos moríamos de frío a más de 4,000 metros de altura en el departamento de Pasco y ahora nuevamente en Pasco; pero de calor a unos 700 metros de altura.

Y andaba yo divagando en esos pensamientos geográfico y climáticos, mientras seguíamos subiendo, cuando el sonido de las aves y monos y sabe Dios qué otros animales me devuelve a la realidad. Y vaya qué realidad porque la subida cada vez se ponía más empinada y las curvas más cerradas y la caja de cambios del Citroën nuevamente, como cuando íbámos a Huayllay, empezó a meter los cambios cuando a ella se le antojaba y no cuando yo necesitaba. Fue una subida muy tediosa. 

Al menos los animales nos hacían compañía desde el espeso follaje de los árboles. No los podíamos ver y al parecer yo era el único que los escuchaba, quizá andaban con los oídos tapados por la subida y tanta curva, en verdad es una de las carreteras más sinuosas que he recorrido. De pronto oscureció, los animales ya no se oían más, las curvas se enderezaron y la lluvia nunca calló. A lo lejos vimos las luces de una ciudad, al fin Oxapampa.

Al llegar nos llevamos una bonita impresión. Una ciudad tranquila, limpia, ordenada y con unas casitas que no te cansas de ver. Una vez en la plaza nuestra primera tarea fue buscar hospedaje. Encontramos uno cómodo y económico a una cuadra de la plaza, todos los demás nos parecían demasiado caros y no dudo que valgan lo que cobran; pero el lujo no era nuestra prioridad. La segunda tarea fue buscar comida y encontramos un restaurante muy bonito y de rica comida en el lado norte de la plaza, es una pena que no recuerde el nombre.

Y me pregunto si se estarán preguntando porque tanto texto sobre Oxapampa y ninguna foto. Bueno, por alguna extraña razón dejé la cámara en el auto y solo salimos a caminar por ahí, sin más ni más. Y bueno, creo que ese es motivo más que suficiente para regresar ni bien se pueda para tomar fotos de este bonito lugar.

La única foto que le saqué a Oxapampa. Qué penita, tendré que regresar para tomar más fotos ;)
Rogger y Varinhia, nuestros amigos viajeros.

Camila de fotógrafa. Gracias Vari por la foto. Sony, págame por la publicidad.

Al día siguiente y luego de una rica noche de descanso nos preparamos para recorrer los 400 km de regreso a Lima. Salimos casi a las 10 a.m. de Oxapampa y solo paramos tres veces: en San Ramón para comprar fruta, en San Mateo para comer algo y antes de entrar a Chosica para que laven el carro mientras el sol caía entre los cerros.

Como casi no paramos ahora apreciamos la ruta y los cambios de paisaje y clima en ella. Pasar de la vegetación abundante y verde de la selva a la sierra de ralos bosques y pequeñas plantas, para luego llegar a la puna donde solo crece el amarillento ichu y nuevamente descender para llegar a los áridos cerros con uno que otro cactus de la capital. Es una variedad de paisajes que ayuda a entender el porqué dicen que en el Perú están condensados todos los climas del mundo.

Y así fue como este viaje que inició camino al bosque de piedras de Huayllay terminó, gracias al soroche, en Oxapampa. Fue un viaje rápido y no conocimos más que lo que estaba en la misma ruta, sabemos que hay más lugares maravillosos por descubrir allá; pero al final llegamos a casa cansados y contentos por haber estado en un pedazo del Perú que hasta dos atrás no conocíamos.


Puedes ver más fotos en el álbum de Facebook.


Prepárate para el viaje

Distancias: (aproximadas)

Total recorrido desde Tarma - San Ramón - La Merced - Oxapampa: 148 km.
Tarma - Pan de Azúcar: 50 km.
Pan de Azúcar - San Ramón: 12 km.
San Ramón - La Merced: 11 km.
La Merced - Oxapampa: 75 km.

Carretera: 

Toda la carretera está pavimentada excepto en la zona de la quebrada de Yanango donde están construyendo un túnel que pasará justo por debajo de la ruta de huayco de la quebrada (eso será interesante en época de lluvias). Subiendo del puente Paucartambo hacia Oxapampa la carretera e demasiado sinuosa, imposible adelantar, tomen sus precauciones.

Grifos: En Tarma, San Ramón, La Merced y Oxapampa. De preferencia llenar el tanque en Tarma para llegar de una sola hasta Oxapampa.

Dónde comer: Hay comida en las ciudades y también la ruta, pero elijan bien dónde comerán.

Dónde quedarse: En Tarma, La Merced y Oxapampa hay buena oferta hotelera. En Oxapampa los hospedajes son caros. Nosotros nos quedamos en uno bueno y a buen precio en el Jr. Bolivar, cerca a la plaza, entre Jr. Grau y Jr. Tomas Schaus. 

Mapa:


Por: Jorge David Cachay Salcedo
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13 de diciembre de 2016

El bosque de piedras de Huayllay


Hace tres años fuimos a Huayllay para conocer el bosque de piedras y nos quedamos con las ganas gracias al soroche (aquí les cuento). Este año salimos nuevamente a conquistar este destino, así que tomamos la nueva carretera a Canta y nos fuimos rumbo a Huayllay. Como cuando fuimos por primera vez, de nuevo nos afectó la altura; pero en esta ocasión no sufrimos solos porque viajamos con unos amigos, Varinhia y Rogger; además esta vez no nos iríamos de Huayllay sin conocer su fantástico bosque.

La nueva carretera a Canta

Salimos antes del amanecer a recoger a nuestros amigos. Luego tomamos la Av. Túpac Amaru que lleva directo a la carretera a Canta. Tenía muchas expectativas por ver que tal había quedado ésta, pues hace poco que la han terminado. La primera impresión que tuve es que hicieron bien su trabajo. Donde termina la avenida, y considero que era la peor parte por la cantidad de cráteres que habían, se abre una amplia y plana carretera. Espero que le hayan puesto una buena capa de pavimento y dure así muchos años.

Mientras dejábamos atrás la ciudad y atravesábamos las primeras chacras fuimos testigos de un fenómeno luminoso interesante. Llegamos a una zona donde siempre se acumula la niebla y, obviamente, quedamos rodeados por ésta. Lo especial fue que a pesar de que ya había amanecido y la luz del día ya era blanca (estaba nublado), de pronto al entrar en la niebla todo se veía azul. La bruma no era muy densa y nos permitía ver de forma difuminada la carretera, las chacras, las lejanas casas con sus luces aún encendidas y los pequeños cerros que nos rodeaban, todo eso, pintados de diferentes tonos de azul. Disfrutamos de esta coloración por unos tres kilómetros cuando súbitamente la niebla se termina y todo lo que se veía azul tomó una coloración amarilla por los rayos de sol que ya se dejaban ver entre los cerros.

Pero volviendo al tema de la carretera, ésta es amplia y las curvas permiten avanzar sin disminuir mucho la velocidad. La señalización es buena excepto por un par de letreros que podrían llegar a confundir sobre la dirección de hacia dónde está Canta y hacia dónde Lima; pero lo único que debemos hacer es seguir la carretera, pues no hay desvíos importantes como para perderse.

Llegamos a Canta en un par de horas, considero que es un buen tiempo avanzando sin apuros y sólo tuvimos una ligera pérdida de fuerza en el carro en la última subida antes de llegar. No sé si por lo empinada de la carretera o quizá cosas del carro y que al final terminaría siendo un presagio de lo que pasaría después. Es la primera vez que no viajamos a la sierra en nuestro fiel Suzuki Alto, así que ya les contaré que tal se portó éste carro, a ver qué opinan.

A prepararse para la altura, rumbo a Huayllay

En Canta paramos en el mercado para tomar desayuno. Algo ligero, pero que llene y por su puesto un mate de coca. Buscamos también una farmacia para comprar pastillas para el soroche. No tenían. Nos vendieron unas que eran para los mareos y el vómito y nos tomamos una cada uno. Ya preparados, salimos rumbo a la cordillera de la Viuda y Huayllay.

Barbie nos acompaño en le desayuno.

La primera vez que cruzamos esta cordillera sabíamos que tenían planes de ampliar y pavimentar esta carretera que es una alternativa a la carretera Central si van de Lima a Cerro de Pasco, Huánuco y más allá. Esta ruta nos permite ahorrar unos 50 km si viajan hacía esos lugares. 

Aquella oportunidad encontramos una carretera con un buen afirmado, aunque angosta; ahora ya han pavimentado los primeros 20 km, mejor dicho, hasta un pueblo llamado Culhuay. Y a pesar que hay una zona de abismos de considerable altura, la carretera es amplia y permite ir a buena velocidad con mucha seguridad.

Pasando Cullhuay la carretera se hace angosta y encontramos maquinas que están trabajando en la ruta. Tuvimos mucha suerte de que no nos hicieron parar porque hay momentos en que cierran el trafico mientas realizan su trabajo. Pasando esta zona el afirmado nuevamente se hace ancho, además que han cambiado el trazado para evitar dar muchas vueltas. Esto ha generado que cambie el paisaje que rodeaba el camino, algunas quebradas, planicies y caídas de agua ya no se ven desde la carretera.

Antes de lo pensado ya estábamos debajo de la Viuda. Con entusiasmo les avise a mis amigos para que puedan apreciar la laguna Chuchón; sin embargo, quedamos decepcionados. Suponía que habría menos agua porque estábamos justo al final de la época seca; pero lo que vi me dio un poco de pena. No pensé que podría estar tan vacía. Será ese su ciclo natural o será que se nos están acabando las reservas de agua.

Esta es la laguna Chuchón de hace tres años, cuando fui por primera vez. Esta vez estaba casi vacía.

Pasando esta laguna sigue la de 7 colores. Ésta sí tenía agua, aunque como estaba nublado no se apreciaba al máximo su gama colorida. Pasando esta laguna la carretera solía subir serpenteando entre los cerros, ahora sube casi recto. No sé si es cosa mía; pero creo que las curvas de antes le daban su toque singular al paisaje.

Esta foto también es de la primera vez que estuve por allá. Ahora la carretera va directo y se ahorraron todas esas curvas.

Y aquí es donde se llega a la parte más alta de la carretera, a partir de este punto la altura promedio es de 4,550 msnm hasta llegar a Huayllay donde baja solo unos 200 metros. En esta ocasión sí tenía planeado ir directo hasta allá. Nada de desviarse a ningún pueblito, ni de morirnos de frío, ni terminar con el tubo de escape roto y recorriendo la puna de noche; pero lo que sí sucedió tal cual la primera vez fue que nos afectó la altura. En cierto punto del camino empezamos a sentirnos mareados y con sueño, esas pastillas que nos tomamos no sirvieron de mucho. Paramos al costado del camino a descansar de tanta curva y todos nos quedamos dormidos dentro del carro.

Después de esa breve parada continuamos el recorrido. Por mi parte no tenía ánimos de nada más que de llegar a Huayllay a comer y descansar, así que fui tan rápido como el afirmado lo permitía y llegamos a nuestro destino poco más del medio día. Unas 3 horas desde que salimos de Canta.

Sería interesante saber de qué tipo de rocas está formada la zona roja de esa montaña.

Al parecer esta vista me ha impresionado por segunda vez. Viendo las fotos del primer viaje me di cuenta que también le había tomado una foto a esas mismas montañas. 

Zona minera.

Es como si hubieran pegado dos montañas de distintos colores. 


Colores producto de la erosión.

Al carro también le dio soroche

Como les comentaba, esta vez no nos acompañó nuestro fiel Rojito que anda de vacaciones en Trujillo. En esta ocasión usamos el carro de mi mamá, un Citroën C4 del 2011 con motor 1.6 y caja de cambios automática-secuencial. No conozco mucho ese carro, el único viaje que hicimos con éste fue para venirnos de Trujillo a Lima y se portó como uno espera que se comporte un vehículo de esas características.

Sin embargo, en este viaje el Citroën me decepcionó. Toda mi vida pensé que si mi pequeño Suzuki y su modesto motor llega a cualquier altura y sin problemas (aclarando que en subidas empinadas y en altura sube lento; pero sube), cualquier otro carro con motor más grande obviamente tendría un mejor desempeño. Nada de eso. Con este carro he sufrido para las subidas y los adelantos.

Sucede que el motor demoraba en revolucionar y agarrar potencia, eso es normal, creo yo, si vas por una cuesta a más de 3,000 metros de altura; el problema era que al acelerar a fondo y presionar el botón del kick down (para bajar de tercera a segunda, por ejemplo) el cambio nunca sucedía o lo hacía después de unos largos segundos y nuevamente las revoluciones caían y perdía potencia. Cansado de esa situación puse la palanca en modo secuencial para controlar los cambios de forma manual. Nada de nada, por más que subía o bajaba la palanca, los cambios entraban cuando a la caja se le ocurría, ya sea que estemos en subida o en bajada.

No soy experto en mecánica ni electrónica y tengo muchas teorías sobre lo que le pasó al carro; pero algo me dice que la falta de oxígeno fue lo que afecto a sea lo que sea que controla la caja de cambios porque cuando llegamos a Tarma la caja empezó a realizar los cambios tal como uno espera que suceda. Si algún lector experto nos puede explicar el porqué de esta situación, estaremos muy agradecidos de aprender algo nuevo.

Huayllay y el bosque de piedras

Llegamos a Huayllay cansados, de hambre y justo para la hora de almuerzo. El problema era que no podíamos movernos tan rápido como queríamos. Caminábamos lento para no marearnos, mientras los niños que salían del colegio pasaban corriendo a nuestro lado diciendo: "estos limeños están con soroche".

Fuimos a la plaza, entramos al único restaurante que conozco, no porque no haya más, sino porque ese nos quedaba más cerca y nadie quería caminar más de la cuenta. Pedimos menú. No lo terminamos. Al costado del restaurante hay un hotel y allí nos quedamos a sufrir nuestro soroche mientras que en la plaza de Huyallay un animador convocaba a la gente para celebrar no sé qué con música y fiesta, tal cual sucedió la primera vez. Parece que en este pueblo todas las tardes son de fiesta.

Al día siguiente, después de una noche que se nos hizo eterna, salimos a buscar desayuno. Nos sentíamos algo mejor; mas no con los ánimos suficientes para hacer todo lo que habíamos planeado para esos cuatro días: ir a los baños termales, recorrer el bosque de piedras, luego dar una vuelta por Cerro de Pasco y algunos otros pueblos para después ir, si quedaba tiempo, a Huánuco.

Por nuestro lado, queríamos comer y descansar hasta adaptarnos mejor; no obstante, mis amigos querían regresarse a Lima, no soportaban el malestar. Y bueno, tuvimos que improvisar y cambiar los planes. Después del desayuno fuimos al hospital a que nos den algo de oxígeno para después recoger nuestras cosas y salir rumbo a Tarma.

Arco de entrada a la plaza. Al fondo, de fachada amarilla, el hotel donde nos quedamos. 

La plaza y sus niños jugando.

Iglesia de Huayllay.

¡Ah, no; eso sí que no! pensé─. Esta vez no me iría sin conocer el bosque de piedras. No sería posible que por segunda vez intente conocerlo y sea vencido por el soroche y termine huyendo a tierras más bajas. Así que antes de huirle a la altura y partir hacia Tarma, salimos del hotel directo al bosque de piedras.

Recorrimos unos 7 km y vimos el primer letrero que anunciaba el ingreso al bosque. Un amable guardaparques nos explicó que hay tres rutas para recorrerlo, en cada una se pueden ver las diferentes figuras de rocas que uno suele ver las fotos. La primera, la más corta, es de aproximadamente 2 horas a pie. La segunda podría tomar entre 3 a 5 horas a pie. Y por último la más larga; pero a la que se puede entrar en cualquier vehículo y llegar hasta una laguna. Esa fue la que tomamos, nadie quería caminar.

La entrada a esta última está unos 4 km más allá por la misma carretera. Hay un portón y un letrero que la señala. El costo de ingreso es de S/. 2 por persona y S/. 1 por el vehículo, o al revés; ya lo olvidé. El camino es afirmado y sólo deben seguir por ahí. En el trayecto podrán encontrar algunas de las figuras de roca y lo demás hay que dejarlo a la imaginación. Para ser honesto, mi imaginación no estaba muy productiva ese día; pero igual quedé impresionado con los monolitos y las formaciones rocosas, muchas de las rocas unas sobre otras de manera tan caprichosa y a la vez en perfecto y eterno equilibrio.

Según mis cálculos, el bosque tiene una extensión aproximada de 13 por 5 kilómetros, con eso ya se hacen una idea de lo grande que es y que no es posible recorrerlo todo en un solo día. Y aunque algunos podrán decir que si viste una parte ya viste todo pues al fin y al cabo son puras piedras, yo pienso que es un lugar impresionante para dejar volar la imaginación y cada rincón descubrir algo nuevo. En fin, hay tours para todos los gustos.

Camino hacia el bosque de piedras.

El hongo.


El cóndor.


El sapo.

Qué gigante caprichoso habrá dejado las rocas unas sobre otras.




Laguna al final del camino. Se llama Japurín, si no me falla la memoria.

La llama, este no es su mejor ángulo. 

Yesica y el elefante.

Si bien esta ruta en auto facilita mucho las cosas, la verdad hubiera preferido ir a pie, meterme entre las rocas, tocarlas y sentir su inmensidad. Aún queda mucho por ver en el bosque de piedras y también nos quedamos sin ir a los baños termales, así que no será la última vez que visite Huayllay.


Puedes ver más fotos en el álbum de Facebook.


Prepárate para el viaje


Distancias: (aproximadas)
  • Total recorrido desde Lima - Canta - Huayllay: 220 km 
  • Lima - Canta: 100 km.
  • Canta - Huayllay 115 km.

Carretera: 
  • Lima - Canta: pavimentada y señalizada; carretera nueva.
  • Canta - Huayllay: pavimentada hasta Cullhuay, sin señalización. A partir de allí afirmada, en buen estado. Hay zonas donde están haciendo trabajos y es posible que detengan el tráfico por algunos minutos.

Grifos: Después de Canta no vi ninguno en toda la ruta, es mejor salir con el tanque lleno desde Lima.

Dónde comer: En el camino pueden parar en las piscigranjas Huaros y Cullhuay y comer una trucha frita recién sacada del agua. Luego no hay nada hasta Huyallay.

Dónde quedarse: En Huayllay nos fuimos directo al hospedaje de la plaza, la habitación matrimonial te la pueden dejar hasta en S/. 50. Hay más hospedajes que deben ser más económicos, todo es cuestión de buscar.

Mejor tiempo para visitar:

  • Diciembre - marzo: época de lluvias, todo está verde y hace poco frío. Hay probabilidad de que caiga nieve en la ruta.
  • Abril - junio: época seca, todo sigue verde y hace poco frío.
  • Julio - setiembre: época seca, se terminó lo verde y hace mucho frío. Hay posibilidad de que caiga nieve en la ruta.
  • Octubre - noviembre: probabilidad de lluvias, empieza a ponerse verde y hace poco frío.

Sugerencias: 

  • Llevar provisiones de hojas o mate de coca, aquí el 80% del camino la pasarás a más de 4,300 m de altura.
  • Llevar buen abrigo si van entre julio y setiembre, hace demasiado frío y el clima puede ser impredecible.
  • Llevar provisiones, una vez que pasan Cullhuay no hay donde comprar nada hasta Huayllay.

Mapa: aquí he marcado en azul la ruta desde el pueblo de Huayllay hasta el ingreso vehicular al bosque, son aproximadamente 11 km. En amarillo está la ruta que seguimos dentro del bosque, es una trocha afirmada hasta la laguna; pero si van en un vehículo todo terreno pueden salir del camino y acercarse más a las piedras; eso sí, siempre respetando el entorno y sin contaminarlo.




Por: Jorge David Cachay Salcedo
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