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8 de enero de 2016

Un rincón de Chorrillos para dejar el tiempo pasar


Las ciudades siempre nos abruman con tanto asfalto, cemento y modernidad. Todos van apurados  de un lado a otro, concentrados en sus propios pensamiento o en las pantallas de sus teléfonos, cada vez es más difícil interactuar así de la nada con otras personas o con la misma ciudad. A pesar de todo eso siempre hay lugares escondidos, pequeños rincones donde el tiempo parece que se detuvo y la gente va más lento y la naturaleza todavía no se deja conquistar por el concreto.

Sin querer me tope con un lugar así. Terminaba noviembre y los rayos de sol ya se dejaban ver en el cielo limeño. Aprovechando el calorcito fuimos a la playa, a Agua Dulce, en Chorrillos, y estuvimos un rato allí jugando en la arena. Cuando nos aburrimos de la playa fuimos a caminar por el malecón y llegamos hasta el terminal pesquero. Nunca antes había estado allí y fue como cruzar a una dimensión paralela.

Lo primero que vimos fue el movimiento natural por la venta del pescado. Vendedoras que te llamaba de todos lados, muy cordiales, para que puedas ver la variedad de pescados que ofrecían. Amistosos jaladores que nos trataban de convencer para que fuéramos a comer algún plato con pescado fresco a los restaurantes. Las gaviotas y los pelícanos también se veían amistosos, no se asustaban con las personas y vigilaban atentos si un poco de pescado caía al suelo para comer. 

Luego de cruzar el alboroto y bullicio de los puestos de pescado pude contemplar los botes de pesca que flotaban silenciosos e impertubables en el mar, por unos instantes olvidé que estaba en la ciudad, mucho menos pensé en el club que teníamos al costado. Yo me sentía en cualquier recóndito y solitario puerto, menos en Lima. Pero claro, esa sensación no duraría demasiado, levanté la mirada, enfoqué hacía el fondo y allí estaba otra vez la gran ciudad.


Aquí adelante el tiempo pasa lento. Allá atrás, a nadie le alcanza el tiempo.

Ese día no había llevado la cámara y no pude captar todos esos contrastes: el bullicioso mercado al costado del "exclusivo" club, y el puerto artesanal frente a una ciudad con grandes y modernas construcciones. Por eso, lo primero que hice al llegar a la casa fue meter mi cámara en la maletera de la moto. El plan sería escaparme un rato del trabajo a la hora de almuerzo e ir hasta Chorrillos a ver si lograba capturar ese paisaje tan de pueblo dentro de la ciudad.

A pesar del sol que gozamos ese fin de semana, el clima no estuvo de mi lado los días que siguieron. Hasta que al fin el miércoles se veía favorable, aunque por la oficina el cielo estaba nublado a lo lejos Chorrillos se veía despejado y soleado. Corriendo fui al estacionamiento, monte en la moto y rápidamente conduje hacia el terminal. Sólo disponía de la hora de almuerzo y tenía que regresar a tiempo pues ese día nos daban nuestro bono por navidad.

Cuando llegué el calor era infernal, más aún porque estaba con casaca así que de inmediato guardé las llaves de la moto en el bolsillo de la casaca (costumbre que se me hizo necesaria pues en dos ocasiones ya había dejado las llaves puestas en la moto, felizmente con un tranquilizador desenlace), abrí la maletera de la moto, saqué la cámara, me quité la casaca y la puse en la maletara, y muy contento fui hacia los puestos de pescados.

Al parecer había llegado muy tarde, no había gente y no había pescados, así que del terminal no nada pintoresco para capturar en foto. Felizmente los botes y pelícanos no me defraudaron y me ofrecieron ese contraste de paisajes citadino-artesanal del que ya les había hablado y esas son las pocas fotos que ahora les ofrezco. Terminé con las capturas y regresé rápidamente a donde había dejado la moto pues tenía que regresar al trabajo, misión que se me hizo casi imposible pues si leyeron bien el párrafo anterior ya habrán notado el error que cometí y ya estarán imaginando lo que me sucedió. Hasta en las cortas salidas en ciudad siempre me pasa algo anecdótico para contar.

Al inicio desconfiado, luego posó muy natural para la foto que encabeza esta historia.

Y después llamo a sus colegas, todos posando para la foto.

Pequeños botes de pesca artesanal bajo la gran ciudad.

Y bueno, llegué a la moto, busqué la llave para abrir el maletero y caí en cuenta que había guardado la llave en la casaca y ésta a su vez en el maletero. Se me heló el cuerpo ¿y ahora? tenía que regresar pronto al trabajo y San Isidro no está tan cerca que digamos. Felizmente con el apuro no había colocado bien la casaca y un pedazo de manga salia por debajo del asiento y haciendo más uso de la maña que de la fuerza pude sacar la casaca y la llave. Nuevamente monte la moto, esta vez para salir de ese rincón de ciudad donde el tiempo transcurre lento y sin prisas para correr hacía la zona de altos edificios donde esperar la luz roja del semáforo parece una eternidad.


Todas las fotos en el álbum de Facebook.


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25 de abril de 2015

Fin de semana en las playas de Huarmey


Semana Santa. Cuatro días para viajar. Quería ir a la selva porque hasta ahora no he podido llegar manejando, pero las lluvias que habían anunciado me desanimaron. Y no porque un poco de agua me asuste, sino que después de los huaycos de Chosica y otros lugares del país justo en la misma semana es para pensarlo. Una vez, ya me quedé atrapado por un huayco y esperar hasta que despejaran el camino fue aburrido.

Entonces a ejecutar el plan B. Ir a la playa. Y si ya vienen leyendo el blog, sabrán que no me gustan las playas con mucha gente, prefiero las playas solitarias y limpias.

Casi todo el verano la pase en Huarmey, en otro momento ya les contaré el porqué. Allá hice buenos amigos y pude conocer más de sus playas. Así que se me ocurrió que sería el lugar perfecto para ir estos cuatro días y dije: vamos a acampar a Huarmey. Yesy preguntó: ¿Habrá mucha gente? y Camila solo dijo: ¡yeeee... playa, playa!

Salimos de Lima el jueves a las 2 de la tarde, hasta Huarmey son 300 km, 4 horas de viaje y como reloj llegamos a las 6 de la tarde. Pasé saludando a mis amigos quedamos en encontrarnos en la playa por la noche. Después de comer salimos para Tuquillo que es la playa más conocida de Huarmey.

Tuquillo estaba reventando de gente, era de esperar, así que fuimos a buscar sitio a la playa Maracaná que está al sur de Tuquillo. Allí sí había mucho espacio y también mucho viento. No fue fácil armar la carpa, porque salía volando con el viento y cuando finalmente logramos ponerla en pie toda la arena entraba a la carpa a pesar que la pusimos en dirección contraria al viento. Solución: colocar la camioneta de forma atravesada y que nos sirva de escudo. Funcionó. Uno de mis amigos vino, conversamos un rato, pero no se quedó.

Al día siguiente amanecimos sin viento, pero parecía que por la noche hubiéramos estado bajo una tormenta de arena. El carro estaba todo cubierto de arena, hasta en el techo, y las llantas estaban enterradas casi hasta la mitad. Nos calentamos con el sol hasta la hora del desayuno, desarmamos la carpa y fuimos a comer a Huarmey. Después de desayunar iríamos hacia el norte de Tuquillo, a la playa a la que realmente quería ir.

Fue un desayuno de carretilla en la plaza. Delicioso, barato y para todo los gustos. Al regresar a Tuquillo la playa estaba casi vacía de gente, solo se veían carpas por todos lados, seguro seguían durmiendo. Nosotros doblamos a la izquierda, rumbo al norte, subimos una colina y luego, desierto.

El desierto de las playas de Huarmey está formado por colinas de arena dura y en ciertos lugares algo de arena suelta, así que se puede ir en cualquier tipo de vehículo, siempre siguiendo las huellas de los que pasaron antes y sin acelerar y frenar bruscamente que allí sí es probable quedarse atascado.

La foto es de otro día que estuve por ahí.

Casi dos kilómetros al norte y llegamos a la playa, no sé cuál es su nombre y para entrar sí hay mucha arena suelta, por ese motivo muchos suelen quedarse estacionados en la colina. Como estábamos con la camioneta nos metimos hasta la orilla para buscar un lugar donde quedarnos. 

Una vez en la orilla vimos que la arena estaba anaranjada y conforme avanzábamos miles de cangrejos empezaron a correr de costado para esconderse en sus agujeros. La única evidencia que quedó de ellos fueron esas bolitas de arena que suelen hacer.

Estos son los que iban quedando cuando tuve tiempo de sacar la cámara.

Si alguna vez te preguntaste a qué se deben esas bolitas de arena, son las que hacen los cangrejos durante la noche.

Ya sin cangrejos la playa se veía así.

Nunca había visto tantos cangrejos en una playa, demasiados que recién después de esconderse notamos que también habían gaviotas y ostreros. Las aves allí tranquilas, tomando el sol. Ninguna se alborotaba para comerse a los cangrejos, será que no era hora del desayuno o quizá que eran tantos cangrejos que todas estaban satisfechas.

Hasta que se fueron los cangrejos recién pudimos verlas.

Todos en una sola patita.

- Cangrejos para el desayuno.
- No, gracias.

Esperé a que todo los cangrejos se vayan, no quería aplastarlos, y avanzamos por la orilla. Llegamos a un lugar muy bonito, rodeado de rocas y arena fina. La marea alta había dejado una piscina entre las rocas y la arena. El lugar perfecto para pasar la mañana. La más contenta era Camila porque ahora podía chapotear y saltar sobre su gran charco de agua y arena, se sentía como Peppa.




El día pasó relajado escuchando las olas, contemplando las aves y algunos cangrejos que salían cada vez que dejábamos de hacer ruido. Construimos un pequeño castillo de arena, era la fortaleza de Camila para que los cangrejos no invadieran su piscina que para esa hora estaba con el agua tibia. Y así de rica como estaba el agua nos metimos a remojarnos y sentir la brisa marina.

Toda esta playa solo para nosotros.

Con el silencio se animaban a salir.

Construyendo el mini castillo de arena.

Para Camila era un fortaleza anticangrejos.

Mamá e hija conversando sobre la vida.




Al medio día empezó a llegar gente, nuestra piscina estaba quedándose sin agua y nos dio hambre. Hora de irse. Fuimos al pueblo para almorzar, luego dimos vueltas por Huarmey y descubrimos una carretera que entra a la sierra y va paralela a un río. Siempre había creído que Huarmey era un lugar de paso en la carretera; pero es más grande de lo que imaginaba y tiene más para conocer como su linda campiña o el sitio arqueológico, un castillo, del que nunca encontré el camino de ingreso. Ya pues Negrito, sé que leerás esto, la próxima no te pierdas y llévame a conocer más de Huarmey.

Pasamos la tarde tratando de encontrar una playa en el río para bañarnos y enjuagarnos la sal del cuerpo; pero no encontramos ninguna, mucha vegetación por todos lados. Pensando en volver a la playa para acampar, al final nos dio pereza de armar la carpa con todo el viento de la noche y decidimos retornar a Lima esa misma tarde.

De regreso hicimos una parada en Paramonga. Siempre quise conocer y ese día sería una buena ocasión, pues no teníamos apuro. Llegamos a la plaza, había mucho movimiento. Compramos provisiones para el camino y tratando de salir encontramos una casona a la que llaman: La casa de las brujas. En realidad allí no vivió ninguna bruja. Solía ser una hacienda, luego un hotel y creo que ahora está abandonada, pero con la luna llena sobre ella no resistí quedarme allí un rato y tomarle fotos.




Y así, después de pasar un lindo día de playa y campo llegamos a Lima a terminar la Semana Santa descansando en casa.



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Prepárate para el viaje

Distancia:
  • Lima - Huarmey: 300 km.
  • Huarmey - Tuquillo: 6 km aproximadamente.
  • Tuquillo - Playa: 2 km aproximadamente.
Carretera:
  • Lima - Huarmey: carretera Panamericana.
  • Huarmey - Tuquillo: carretera Panamericana, luego una entrada pavimentada pero con algunos baches.
  • Tuquillo - Playa: no hay carretera, se puede ir por cualquier lugar; pero es mejor seguir las huellas de los otros vehículos.
Grifos: en toda la Panamericana y también en Huarmey, uno a la entrada, otro en la mitad del pueblo, ambos en la misma carretera. En Huarmey no hay grifos de gas, si sus autos son a gas llenen el tanque en Barranca.
Donde comer: en Huarmey hay muchos restaurantes, para todos los gustos y bolsillos. En Tuquillo también hay restaurantes.
Donde quedarse: hay varios hospedajes en el pueblo y unos pocos en Tuquillo, pero fines de semana todos quedan llenos. También se puede acampar en Tuquillo, es seguro.

Mapa: he marcado en azul la ruta que sale de la plaza de Huarmey hasta Tuquillo y en rojo la ruta que seguí a través del desierto, lo más exacta posible. El lugar donde termina la línea roja sí es el mimo lugar donde me quedé y si parece que me metí sobre el agua es porque Google tomó la foto cuando había marea alta.


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9 de febrero de 2014

De regreso al Paraíso


Flamencos caminando despreocupados, patos y gallaretas nadando sin apuro, playeros buscando su comida en el fango, pelícanos volando en linea sobre el mar, ostreros caminando sobre la arena y por su puesto gaviotas, muchas gaviotas.

Este lugar tiene muy merecido su nombre, El Paraíso. Una playa de arena dorada y un mar que va cambiando de color durante el día, donde puedes gozar de agua tibia como fría, obviamente luego de pasar por el agua tibia, el agua del mar te parecerá más fría de lo que realmente es. Y por su puesto,  es el hogar de muchas aves, una gran variedad para todos los gustos.

A fines de enero fuimos con unos amigos y quedaron encantados con el lugar, y claro, los que más disfrutaron fueron los niños. La playa es ideal para los pequeños porque sus olas son bajas, hay un lugar donde el mar no es profundo, pero sobre todo, porque el agua que sale de la laguna es tibia.

Esta vez exploramos hacia el sur por la orilla del mar rumbo a una playa a la que ya había ido antes pero trepando por el cerro. Lo primero que encontramos fue basura, realmente una pena. Sin embargo la naturaleza siempre se impone y caminando entre las rocas encontramos gran variedad de moluscos, esponjas ─supongo que eran esponjas─, y estrellas de mar, de las anaranjadas y grandes, y unas muy pequeñas y de delgados tentáculos con los que caminaban. La riqueza de fauna de esta playa no solo son las aves, sino también las especies marinas que, si prestan atención, pueden encontrar.

Y como ya les había contado en un post anterior cómo llegar hasta allá , ahora solo les mostraré fotos del lugar. Ah, y sólo un consejo, esta playa realmente es un Paraíso, si vas, por favor, no la ensucies.

Mucho tráfico ─dijo el pato.

 

Contemplando el horizonte.

Ostrero.

 
Al rededor de la estrella hay mas animalitos de los que parecen, todos parecen rocas, así se camuflan.








Playeros en busca de comida.




Gallaretas.




En el post anterior podrás conocer los detalles de cómo llegar: El Paraíso: Una playa con agua fría y caliente

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20 de marzo de 2013

Pacasmayo


Luego de llegar a Trujillo y pasar Navidad con la familia decidimos emprender nuestra migración vacacional hacia el norte, el objetivo era llegar hasta Quito, pero el tiempo nos jugó en contra y tuvimos que dar media vuelta en Puerto Pizarro, Tumbes. Con este post quiero empezar a contarles sobre todos los lugares que pudimos visitar en esa semana. Empezaré con nuestra primera parada: Pacasmayo.

Mi niñez estuvo repartida en tres lugares, uno de ellos fue Pacasmayo, y de este puerto tengo bonitos recuerdos, por supuesto lo mejor de todo era el verano, tres meses sin colegio ─sí, antes eran tres meses de vacaciones─ en los que podía ir todos los días a la playa. Hoy puedo decir que Pacasmayo es un viejo conocido para mí y por este motivo no había planeado parar más que para saludar a la familia y comer unos chupetes de fruta con leche de los que les hablaré luego, además Pacasmayo tiene una playa muy concurrida y, a pesar que es una de mis favoritas, nosotros estábamos en busca de playas más tranquilas para pasar los días de vacaciones. Sin embargo, no pude resistir la invitación de mi prima para comer, y terminé quedándome dos días en este lugar ─los que han probado la comida del norte entenderán por qué me fue difícil partir sin antes comer─. Esos dos días aproveché para tomar algunas fotos e ir a la playa, y hoy aprovecharé la ocasión para contarles un poco de mi querido Pacasmayo.

Hubo un tiempo en que Pacasmayo fue uno de los puertos más importantes del Perú, su largo muelle con 540 metros y su gran estación de ferrocarril son mudos sobrevivientes de aquellos años. Esos tiempos ya pasaron, hoy Pacasmayo no es el gran puerto de antaño; sin embargo aún goza de gran acogida gracias a su balneario, especialmente para Año Nuevo y Semana Santa, fechas en que está lleno de visitantes. Y si son de los que han visitado varias veces la playa de Pacasmayo quizá se hayan dado cuenta de lo que sucede cuando sube y baja la marea, si no se dieron cuenta o si nunca fueron a Pacasmayo aquí les contaré de qué se trata.

En su mejor época los ferrocarriles entraban al muelle para cargar los barcos.

La playa

Cuando era niño la playa a la que íbamos era todo lo que abarcaba el malecón y a lo mucho llegábamos unas decenas de metros más al sur, hasta donde hay una peña, en esa época casi nadie iba hasta el faro. Ahora los tiempos han cambiado, la playa que está en el faro goza de mayor popularidad, a pesar de eso sólo he ido un par de veces en toda mi vida, lo que sí les puedo contar es que ésta es la preferida de los que practican tabla, bodyboard, windsurf y kitesurf.

En cambio, la playa del malecón la conozco muy bien, podría decir que es la única a la que podría ingresar sin ningún temor ─siempre hay que tenerle respeto al mar─ y justo porque la conozco bien hoy les quiero contar de algo curioso que sucede con cada marea.

Lo usual en todo el largo del malecón, y un poco más allá, es encontrar una playa de piedras, algunas tan grandes como un coco y otras pequeñas como un limón, luego una angosta franja de arena y después el mar, las olas son medianas y no hay que meterse muy adentro en el agua para notar que el mar se va haciendo profundo. Si la marea llega a subir mucho las olas pueden llegan a reventar al pie del malecón, esto generalmente ocurre por las noches.

Usualmente la playa de Pacasmayo es así de pedregosa.

Pero si vamos cuando hay marea baja encontraremos una playa totalmente distinta. El mar llega a retirarse hasta unos 50 metros desde el malecón, las piedras han desaparecido por completo y todo es arena, las olas son muy bajas y el mar no es profundo, tanto así que tranquilamente podemos entrar otros 50 metro mar adentro y el agua a lo mucho nos llegará a las rodillas.

Cuando baja la marea las piedras desaparecen y la playa es más amplia. De haber sabido que escribiría sobre esto enfocaba más a la izquierda.

Estos son los puntos extremos de esta singular playa, a veces arena pura, otras puras piedras. Sé que todas las playas del mundo cambian según la marea, pero el ingrediente extra, lo peculiar, el misterio sin resolver son las piedras que llegan a desaparecer por completo y esto casi siempre sucede durante la noche, así que una tarde dejas a la playa llena de piedras y al día siguiente desaparecieron o viceversa. ¿Y a dónde van las piedras cuando baja la marea? ¿Cómo es que regresan? Son buenas preguntas, para responderlas tengo algunas teorías: La primera es que las piedras son tapadas por la arena; pero no, donde estuvieron las piedras no queda nada, solo arena plana y pareja. La segunda es que las olas las arrastra mar adentro; pero al entrar al agua todo sigue siendo arena. Por último y creo que es la que mejor puede explicar este fenómeno es que cada cierto tiempo la municipalidad retira las piedras para limpiarlas y darles mantenimiento... no, lo último no lo dije en serio. En fin, hasta que descubramos la respuestas sigamos disfrutando de una playa diferente con cada marea.

Olvidaba un dato importante para que tengan cuidado, con marea baja el mar es poco profundo, el agua es cristalina y pueden ver donde pisan; sin embargo hay ocasiones en que a unos metros de la orilla se formar pozos, podría ser que estén caminando tranquilamente dentro del agua y al siguiente paso se hunden con el agua llegándoles hasta el cuello, no es peligroso si saben nadar; pero a veces el susto genera pánico y eso no es bueno. Lo que deben saber es que estos pozos no son muy extensos, unos cuantos pasos o pataleos más y nuevamente saldrán a la superficie en una especie de banco de arena.

Esto muestra lo que les explicaba en el párrafo anterior.

El puerto

Pacasmayo es un lugar con mucho movimiento y comercio, ha crecido en la periferia, y a pesar de eso la vida pasa sin apuros y hasta parece que el tiempo se ha detenido, basta decirles que ha cambiado poco, casi nada, desde el último verano completo que pasé allá en el 2004.

Al acercarnos a este puerto por la carretera, ya sea desde el norte o desde el sur, lo primero que encontramos son los campos de arroz llenos de verdor que contrastan con los arenales que los rodean, también desde lejos se divisa la fábrica de cemento y si es de noche sus luces encendidas nos brinda una vista espectacular.

De estos campos sale el mejor arroz.


El verdor del arroz contrasta con el árido desierto.

La fábrica de cemento.

La topografía de Pacasmayo es como una U, llegando del sur, la carretera va de bajada para entrar al puerto, y para ir al norte, nuevamente hay que subir, y así está distribuido el pueblo en parte alta, parte baja y nuevamente parte alta. La parte alta del lado norte aún no está muy poblada y allí también encuentra su extenso cementerio con una estatua de Cristo a la entrada de donde se tiene una bonita vista del muelle y el malecón.

Al fondo se ve el cementerio y la estatua de Cristo. Y sí, la foto está algo rara.

Hace unos 15 años aún se podían ver las grúas de carga en la punta del muelle.

En la parte baja está la avenida 28 de Julio con sus ficus formados en línea en toda su extensión, todos muy parejos. Esta avenida comienza en el Paseo de la Paz, un parque muy interesante, luego pasa por la antigua estación del ferrocarril y termina en el muelle, de aquí a la izquierda comienza el malecón que se extiende por más de 300 metros hasta terminar en el club Pacasmayo y la plaza Bolognesi, a lo largo del malecón encontrarán casas muy bonitas, algunas muy bien conservadas y otras casi en ruinas, también están dos de los hoteles más importantes y la plaza Grau que tiene como fondo unas escaleras que suben a la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe. A una cuadra de la iglesia está la plaza de armas, la única de todas las que conozco donde no hay iglesia, sólo hay casas, la municipalidad y el Banco de Crédito que, como decía mi abuelo, es la agencia del BCP más grande de todo el Perú, hay que aclarar que es más la grande proporcionalmente hablando dado que ocupa una manzana completa. De aquí nuevamente empieza la subida, algunas calles son tan empinadas que son un verdadero desafío al volante tanto para subir como para bajar por ellas.

Avenida 28 de Julio y sus ficus. Junto al malecón mis lugares preferidos para andar en bicicleta.

Antigua estación del ferrocarril, hoy casa de la cultura.

El malecón.

Lo que escribiré a partir de aquí es totalmente subjetivo pues me dejaré llevar por el cariño que le tengo a este lugar, y es que en Pacasmayo encontrarán las mejores humitas y tamales del Perú, en realidad las preparan en San Pedro de Lloc, capital de la provincia de Pacasmayo. No sé si habrá cambiado la manera en que anuncian y venden estos productos, pero cuando era niño, las señoras tamaleras venían de San Pedro con sus canastas de carrizo tejido y dentro los tamales y humitas envueltos con muchos manteles para que no se enfríen, las tamaleras solían anunciar su producto gritando con sus potentes voces: "humitas tamaaaleeeeee", y era allí cuando mi abuelo salía a comprarnos nuestra dosis de sabor. Los más ricos eran los de la señora Margarita ¿Qué será de ella?

Club Pacasmayo.

Iglesia de Pacasmayo.

De Pacasmayo y sus alrededores sale el mejor arroz, un arrocito tan sabroso que basta con agregarle sal y aceite para que salga rico y no importa si es del día anterior, igual se mantiene rico. Cuando vine a vivir a Lima no encontraba ningún arroz que me gustara y no me quedaba otra que pedir que me envíen mi saco de arroz de Pacasmayo.

Si van a Pacasmayo no pueden irse sin antes probar los chupetes de fruta con leche de Barrenechea, aquí les dejo la dirección: una tienda en una casa en la esquina de Jr. Washington con Jr. Espinar, y a que no pueden comer sólo uno...

Antigua Agencia de Aduanas. Hoy está abandonada y derrumbándose.

Un pescador entrenando pelícanos.


Modelo típico de casas en una de las calles de Pacasmayo.
Y como no mencionar a la Panadería Victoria y sus ricos panes, quizá existan panes más exquisitos y sofisticados; pero estos pancitos con pescado frito sarza de cebolla y café para el desayuno es de lo más simple y delicioso que se puede probar o simplemente una tradicional pastelada con mantequilla es suficiente para revivir mis viejos recuerdos de la infancia. Hoy en tiendas Metro podemos encontrar esas pasteladas en tamaño gigante las llaman con otro nombre: cachangas de Piura o algo así; pero en Pacasmayo las llamamos pasteladas.

Mejor aquí paro porque si no empezaré a aburrirlos contándoles todos mis recuerdos, y de esta manera termino la sección de gustos subjetivos.

En realidad no pensaba escribir tanto de Pacasmayo, pero me dejé llevar. Y para terminar les contaré que a pesar del calor el clima es fresco gracias al viento constante que corre en el lugar, hay buenos hoteles y hospedajes para quedarse, también encontrarán muy buenos restaurantes y no olviden probar los chupetes que les contaba. En esta ocasión no hay ninguna aventura con el auto, porque la ruta es más que fácil, simplemente seguir la carretera Panamericana 100 km al sur desde Chiclayo o 100 km al norte desde Trujillo.

Y así dejamos Pacasmayo luego de dos días de comer delicioso y recordar viejos tiempos, nuestro próximo destino era Chiclayo, el tiempo de viaje habitual es de hora y media, pero nosotros llegamos en casi 7 horas, en la próxima aventura les contare sobre los dos lugares visitamos (primero este, luego este otro) antes de llegar a La Ciudad de la Amistad.

Otros lugares para conocer cerca a Pacasmayo

  • San Pedro de Lloc, lugar de los mejores tamales y humitas del Perú, y donde vivió y termino sus días el sabio Antonio Raimondi, su casa ahora es un museo.
  • Guadalupe, donde encontrarán unos sandwich de pavo que no tienen comparación.
  • El Bosque de Cañoncillo con su desierto, oasis y zona arquelógica.
  • Jequetepeque, un pueblo muy limpio y pintoresco, aquí es donde se produce y envasa el yogurt Yoleit.
  • Complejo arquelógico de Pakatnamú, importante centro administrativo y ceremonial de la cultura Chimú.

Esta aventura continua aquí.

Puedes ver más fotos en el álbum de Facebook.


Por: Jorge David Cachay Salcedo
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